Archivo de la categoría: Louise L. Hay

Vivir

Estándar

Afirmo mi poder femenino. Si en estos Momentos no tengo en mi vida a mi Hombre ideal, yo puedo ser mi mujer Ideal

(Este capítulo está dirigido principalmente a las mujeres. Pero los hombres, por favor, recordad que cuanto más se res­ponsabilicen de si mismas las mujeres, mejor será la vida para vosotros. Las ideas que funcionan para las mujeres también valen para los hombres. Simplemente substituid los pronom­bres, como lo hacemos las mujeres desde hace tantos años.)

Tenemos mucho que hacer y mucho que aprender

La vida viene en oleadas, con experiencias de aprendizaje y periodos de evolución. Durante muchísimo tiempo las mu­jeres hemos estado absolutamente sometidas a los capri­chos y sistemas de creencias de los hombres. Se nos decía qué podíamos hacer, cuándo y cómo hacerlo. Cuando era niña recuerdo que me enseñaron a caminar dos pasos por detrás de un hombre, a mirarlo como si fuera un ser supe­rior y preguntarle: ¿Qué debo pensar y qué debo hacer? No me lo dijeron con esas palabras, pero yo observaba a mi madre y eso era lo que ella hacía, de modo que eso fue lo que aprendí. Sus experiencias le enseñaron a obedecer por completo a los hombres; por ello aceptó los malos tratos como algo normal, y lo mismo hice yo. Este es un ejemplo perfecto de «cómo aprendemos nuestras pautas de com­portamiento».

Me llevó mucho tiempo darme cuenta de que ese com­portamiento no era normal ni lo que yo, como mujer, mere­cía. A medida que fui cambiando lentamente mi sistema de creencias, mi conciencia, comencé a desarrollar mi autoesti­ma y un sentido de valía personal. Al mismo tiempo, cam­bió mi mundo, y ya no seguí atrayendo a hombres domi­nantes y violentos. La autoestima y el sentido de valía personal interiores son las cosas más importantes que pue­den poseer las mujeres. Y si no tenemos esas cualidades, en­tonces necesitamos desarrollarlas. Cuando el sentido de valía personal es fuerte, no aceptamos una posición de in­ferioridad ni malos tratos. Sólo aceptamos eso porque cree-mos que «no servimos para nada» o que no valemos lo su­ficiente.

Sea cual sea nuestro pasado, por mucho que nos hayan maltratado o que hayan abusado de nosotras cuando eramos niñas, podemos aprender a amarnos y cuidarnos. Como mujeres y madres, podemos enseñamos a nosotras mismas a desarrollar este sentido de valía personal, y en­tonces automáticamente la transmitiremos a nuestros hijos. Nuestras hijas no se dejarán maltratar y nuestros hijos res­petarán a todo el mundo, incluyendo a todas las mujeres que formen parte de su vida. Ningún niño nace siendo un agresor, y ninguna niña nace siendo una víctima ni care­ciendo de autoestima. Abusar de los demás y carecer de au­toestima son comportamientos «aprendidos». A los niños se les enseña la violencia y a las niñas a aceptar el papel de víctimas. Si queremos que los adultos de nuestra sociedad se traten mutuamente con respeto, entonces hemos de edu­car a los niños de nuestra sociedad para que sean amables y se respeten a sí mismos. Sólo de esta manera habrá un mutuo respeto entre ambos sexos.

Responsabilicémonos de nuestros actos

Valorar a las mujeres no significa rebajar a los hombres. Cas­tigar a los hombres es tan malo como hostigar a las mujeres. Castigarse a una misma también es una pérdida de tiempo. No nos conviene caer en eso. Ese comportamiento nos man­tiene atascadas y me parece que ya llevamos demasiado tiempo así. Culparnos a nosotras mismas o culpar a los hombres de todos los males de la vida no nos ayuda a sanar la situación; sólo nos mantiene impotentes. Culpar es siem­pre un acto de impotencia. Lo mejor que podemos hacer por los hombres de nuestro mundo es dejar de ser víctimas y responsabilizarnos de nuestros actos. Todo el mundo respe­ta a una persona que se valora a sí misma. Necesitamos par­tir del espacio de amor de nuestro corazón, y considerar a cada persona en este planeta como alguien que necesita amor. Cuando las mujeres nos responsabilicemos de nues­tra vida y cuidemos de nosotras mismas vamos a mover montañas. Y el mundo será un lugar mejor para vivir.

Como ya he dicho, este capítulo está dedicado princi­palmente a las mujeres, pero los hombres pueden sacar mucho provecho de él, ya que las herramientas que nos sir­ven a las mujeres, también sirven a los hombres. Las muje­res necesitamos saber, ahora mismo, que no somos ciuda­danos de segunda categoría. Ese es un mito perpetuado por ciertos sectores de la sociedad, y es una tontería. Ninguna alma es inferior; las almas ni siquiera tienen sexualidad. Sé que cuando surgieron los primeros movimientos feminis­tas, las mujeres estaban tan enfurecidas por la injusticia con que se las trataba que culpaban a los hombres de todo. Sin embargo, eso estuvo bien en ese momento, porque esas mujeres necesitaban echar fuera sus frustraciones durante un tiempo; era una especie de terapia. Vamos al terapeuta a elaborar los malos tratos recibidos en la infancia, y es nece­sario que expresemos todos nuestros sentimientos para poder sanar. Cuando un grupo lleva mucho tiempo repri­mido, al experimentar por primera vez la libertad, se desmadra.

La Rusia de hoy me parece un ejemplo perfecto de este fenómeno. Imagínate vivir en esas circunstancias de extre­ma represión y terror durante tantos años. ¿Cuánta rabia reprimida se habrá acumulado en cada una de esas perso­nas? Y, de pronto, el país se vuelve «libre», pero no se hace nada para sanar a la gente. El caos que hay actualmente en Rusia es normal y natural dadas las circunstancias. A estas personas nunca se les enseñó a quererse y cuidarse mutua­mente ní a amarse a sí mismas. No tienen modelos de paz para imitar. A mí me parece que todo el país necesita una terapia profunda para que cicatricen las heridas.

Sin embargo, cuando se da tiempo a las personas para expresar esos sentimientos, el péndulo va oscilando hasta alcanzar un punto más equilibrado. Eso es lo que nos suce­de a las mujeres ahora. Ha llegado el momento de dejar atrás la rabia y la acusación, el papel de víctimas y la impo­tencia. Ha llegado el momento de que las mujeres reconoz­camos y afirmemos nuestro poder, nos hagamos cargo de nuestros pensamientos y empecemos a crear ese mundo de igualdad que decimos que queremos.

Cuando las mujeres aprendamos a cuidar de nosotras mismas de un modo positivo, a respetarnos y a sentirnos valiosas, la vida de todos los seres humanos, incluidos los hombres, dará un salto cuántico en la dirección correcta. Habrá respeto y amor entre ambos sexos, y los hombres y las mujeres nos respetaremos mutuamente. Todo el mundo habrá aprendido que hay abundancia para todos y que po­demos bendecimos y deseamos prosperidad los unos a los otros. Todos podemos ser felices y estar sanos.

Tenemos los recursos necesarios para cambiar

Durante mucho tiempo las mujeres hemos deseado tener más dominio sobre nuestra vida. Ahora tenemos la oportu­nidad de ser todo lo que podemos ser. Sí, todavía hay mucha desigualdad en las remuneraciones y derechos lega­les de hombres y mujeres. Todavía tenemos que confor­marnos con lo que podemos obtener de los tribunales de justicia. Las leyes fueron escritas por y para los hombres. En Estados Unidos los tribunales hablan de lo que harta un «hombre sensato», incluso en los casos de violación.

Quiero animar a ¡as mujeres a iniciar una campaña de base para que se reescriban las leyes y sean igualmente favo­rables tanto para los hombres como para las mujeres. Las mujeres tenemos un tremendo poder colectivo cuando res­paldamos un lema. Ten presente que fuimos las mujeres quienes elegimos a Bill Clinton, sobre todo como reacción al trato recibido por Anita Hill. Es necesario que se nos recuerde nuestro poder, nuestro poder colectivo. La ener­gía combinada de mujeres unidas por una causa común es ciertamente poderosa. Hace 75 años las mujeres hacían campaña para conseguir el derecho al voto. Hoy podemos presentarnos de candidatas para desempeñar un cargo pú­blico.

Hemos recorrido un largo camino y no nos conviene perder eso de vista. Sin embargo, sólo estamos al comienzo de esta nueva fase de nuestra evolución. Tenemos mucho que hacer y mucho que aprender. Ahora disponemos de una nueva libertad, y necesitamos soluciones constructivas para todas las mujeres, incluidas las que viven solas.

¡Las oportunidades son ilimitadas!

Hace cien años una mujer soltera sólo podía ser sirvienta en la casa de otra persona, generalmente sin salario. No tenía posición social, ni voz ni voto en nada, y se veía obli­gada a aceptar la vida tal como se la ofrecían. Sí, en esa época ciertamente una mujer necesitaba a un hombre para tener una vida completa, a veces sólo para sobrevivir. In­cluso hace 50 años, las opciones para una mujer soltera eran muy limitadas.

Actualmente en Occidente una mujer soltera tiene todo el mundo ante ella. Puede llegar tan alto como le permitan sus capacidades y su fe en sí misma. Puede viajar, elegir su trabajo, obtener buenos ingresos, tener muchos amigos y desarrollar una elevada autoestima. Incluso puede tener diversas parejas sexuales y relaciones amorosas si lo desea. Hoy en día una mujer puede decidir tener un hijo aunque no tenga marido y continuar siendo aceptable socialmente, como hacen muchas de nuestras famosas actrices, artis­tas y figuras públicas. Puede crearse su propio estilo de vida.

Es una lástima que muchas mujeres continúen gimiendo y llorando si no tienen a un hombre a su lado. No tene­mos por qué sentirnos incompletas si no estamos casadas o no tenemos pareja. Cuando «buscamos» el amor, lo que estamos diciendo es que no lo tenemos. Pero todas tene­mos amor en nuestro interior. Nadie puede darnos el amor que podemos darnos nosotras mismas. Una vez que nos damos amor a nosotras mismas, nadie nos lo puede quitar. Es necesario que dejemos de «buscar el amor en los luga­res equivocados». La adicción a encontrar pareja no es sana, y desemboca en una relación adictiva o disfuncional. Si somos adictas a encontrar pareja, entonces esa adicción sólo refleja nuestra sensación de carencia. Es tan nociva como cualquier otra adicción. Es otra manera de decir: «¿Qué hay de malo en mí?».

La «adicción a encontrar pareja» encierra mucho miedo y el sentimiento de «no valer lo suficiente». Nos presiona­mos tanto para encontrar pareja que muchísimas mujeres aceptan relaciones abusivas. ¡No debemos hacernos eso a nosotras mismas!

No tenemos por qué creamos dolor y sufrimiento en la vida, ni sentimos solas e infelices. Todo esto son eleccio­nes, y podemos tomar nuevas decisiones que nos apoyen y satisfagan. Sí, es cierto que se nos programó para aceptar opciones limitadas, pero eso fue en el pasado. Hemos de recordar que el poder está siempre en el momento presen­te, y que podemos empezar ahora mismo a crearnos nue­vos horizontes. Considera como un regalo el tiempo que pasas sola.

Hay un proverbio chino que dice: «Las mujeres sostie­nen la mitad del cielo». Ya es hora de que hagamos que eso se convierta en realidad. No vamos a aprender a hacerlo lloriqueando, enfadándonos ni tomando el papel de vícti­mas, cediendo nuestro poder a los hombres y al sistema. Los hombres no nos convierten en víctimas; somos noso­tras las que les cedemos nuestro poder. Los hombres de nuestra vida son reflejos de lo que creemos de nosotras mismas. Muchas veces esperamos que los demás nos hagan sentir amadas y conectadas, cuando lo único que pueden hacer es reflejar nuestra propia relación con nosotras mis­mas. Así pues, es realmente necesario mejorar esta impor­tantísima relación para poder avanzar. Deseo concentrar la mayor parte de mi trabajo en ayudar a las mujeres a acep­tar y utilizar su poder de las maneras más positivas.

Lo más importante es que nos amemos a nosotras mismas

Todas necesitamos tener muy claro que hemos de empezar por amarnos a nosotras mismas. Con mucha frecuencia buscamos al «hombre ideal» para que nos solucione todos los problemas, ya se trate del padre, el novio o el marido. Ha llegado el momento de ser la «mujer ideal» para noso­tras mismas. ¿Cómo se hace eso? Comencemos por mirar nuestros defectos, no para ver lo que hay en nosotras de malo, sino para darnos cuenta de las barreras que hemos erigido y que nos impiden ser lo que podemos ser. Y sin castigarnos, eliminemos esas barreras y hagamos cambios. Sí, muchas de esas barreras son cosas que aprendimos en la infancia. Pero si una vez las aprendimos, ahora podemos desaprenderlas. Reconozcamos que estamos dispuestas a aprender a amarnos, y luego desarrollemos unas cuantas directrices:

Acaba con toda crítica. La crítica es un acto inútil; con ella jamás se consigue nada positivo. No te critiques; quítate ese peso ahora mismo. Tampoco critiques a los demás, ya que los defectos que solemos encontrar en los demás son meros reflejos de lo que no nos gusta en nosotros mismos. Pensar negativamente de otra perso­na es una de las mayores causas de limitación en nues­tra vida. Sólo nosotros nos juzgamos; ni la Vida, ni Dios ni el Universo nos juzgan. Afirma: «Me amo y me apruebo».

No te metas miedo. Todas necesitamos acabar con eso. Demasiado a menudo nos aterrorizamos con nuestros pensamientos. Sólo podemos tener un pensamiento por vez. Aprendamos a pensar en forma de afirmacio­nes positivas. De este modo, nuestra forma de pensar mejorará nuestra vida. Si te sorprendes metiéndote miedo, afirma inmediatamente: «Dejo marchar mi ne­cesidad de meterme miedo. Soy una expresión divina y magnífica de la Vida, y desde este momento vivo ple­namente».

Comprométete en la relación que tienes contigo misma. Nos comprometemos mucho en otras relaciones, pero a nosotras mismas nos dejamos de lado. Sólo tenemos tiempo para nosotras de vez en cuando. Así pues, ocúpate realmente de la persona que eres. Comprométete a amarte. Cuida de tu corazón y de tu alma. Afirma: «La persona a quien prefiero soy yo».

Trátate como a un ser amado: Respétate y cuídate. Cuando te ames, estarás más abierta para recibir el amor de otras personas. La Ley del Amor exige que en­foques la atención en lo que «deseas», no en lo que «no deseas». Concéntrate en amane. Afirma: «Me amo totalmente ahora mismo».

Cuida tu cuerpo. Tu cuerpo es un templo precioso. Si quieres tener una vida plena y satisfactoria, entonces necesitas cuidarte ahora. Es necesario que tengas buen aspecto y, por encima de todo, que te sientas bien. La nutrición y el ejercicio son importantes. Necesitas mantener tu cuerpo flexible y ágil hasta tu último día en esta maravillosa Tierra. Afirma: «Estoy sana, feliz y completa».

Edúcate. Muchas veces nos quejamos de que ignora­mos esto o aquello y de que no sabemos qué hacer. Pero eres inteligente y lista, y puedes aprender. En todas partes hay libros, clases y cintas. Si tienes pro­blemas de dinero, ve a la biblioteca. Sé que aprenderé hasta mi último día en este planeta. Afirma: «Siempre estoy aprendiendo y creciendo».

Construyete un buen futuro económico. Toda mujer tiene derecho a disponer de su propio dinero. Es importante que aceptemos esta creencia. Forma parte de nues­tro sentido de valía personal. Siempre podemos co­menzar con pocas cantidades. Lo que cuenta es conti­nuar ahorrando. Es importante hacer afirmaciones con respecto a este tema, como por ejemplo: «Aumen­to constantemente mis ingresos. Prospero adonde­quiera que vaya».

Satisface tu lado creativo. La creatividad puede ser cual­quier cosa que te satisfaga, desde preparar un pastel hasta diseñar un edificio. Tómate tiempo para expre­sarte. Si tienes hijos y dispones de poco tiempo, busca una amiga que te ayude a cuidar de tus hijos, y tú haz lo mismo por ella. Ambas os merecéis tener tiempo para vosotras. Lo valéis. Afirma: «Siempre encuentro tiempo para ser creativa».

Haz de. la alegría y la felicidad el centro de tu vida. La ale­gría y la felicidad están siempre dentro de ti. Procura conectar con ellas en tu interior. Construye tu vida al­rededor de esa alegría. Una buena afirmación para hacer diariamente es: «La alegría y la felicidad están en el centro de mi mundo».

Desarrolla una fuerte conexión espiritual con la vida. Esta conexión puede tener que ver o no con la religión en que fuiste educada. Cuando eras una niña no tenías opción. Ahora eres adulta y puedes elegir tus creencias espirituales. La soledad es uno de los momentos espe­ciales de la vida. Tu relación con tu yo interior es la más importante. Dedica tiempo a reflexionar tranqui­lamente; comunícate con tu guía interior. Afirma: «Mis creencias espirituales me apoyan y me ayudan a ser todo lo que puedo ser».

Podrías copiar estas directrices y leerlas una vez al día durante uno o dos meses, hasta que estén firmemente ins­taladas en tu conciencia y formen parte de tu vida.
Afirmo mi poder femenino. Si en estos

Momentos no tengo en mi vida a mi

Hombre ideal, yo puedo ser mi mujer

Ideal

(Este capítulo está dirigido principalmente a las mujeres. Pero los hombres, por favor, recordad que cuanto más se res­ponsabilicen de si mismas las mujeres, mejor será la vida para vosotros. Las ideas que funcionan para las mujeres también valen para los hombres. Simplemente substituid los pronom­bres, como lo hacemos las mujeres desde hace tantos años.)

Tenemos mucho que hacer y mucho que aprender

La vida viene en oleadas, con experiencias de aprendizaje y periodos de evolución. Durante muchísimo tiempo las mu­jeres hemos estado absolutamente sometidas a los capri­chos y sistemas de creencias de los hombres. Se nos decía qué podíamos hacer, cuándo y cómo hacerlo. Cuando era niña recuerdo que me enseñaron a caminar dos pasos por detrás de un hombre, a mirarlo como si fuera un ser supe­rior y preguntarle: ¿Qué debo pensar y qué debo hacer? No me lo dijeron con esas palabras, pero yo observaba a mi madre y eso era lo que ella hacía, de modo que eso fue lo que aprendí. Sus experiencias le enseñaron a obedecer por completo a los hombres; por ello aceptó los malos tratos como algo normal, y lo mismo hice yo. Este es un ejemplo perfecto de «cómo aprendemos nuestras pautas de com­portamiento».

Me llevó mucho tiempo darme cuenta de que ese com­portamiento no era normal ni lo que yo, como mujer, mere­cía. A medida que fui cambiando lentamente mi sistema de creencias, mi conciencia, comencé a desarrollar mi autoesti­ma y un sentido de valía personal. Al mismo tiempo, cam­bió mi mundo, y ya no seguí atrayendo a hombres domi­nantes y violentos. La autoestima y el sentido de valía personal interiores son las cosas más importantes que pue­den poseer las mujeres. Y si no tenemos esas cualidades, en­tonces necesitamos desarrollarlas. Cuando el sentido de valía personal es fuerte, no aceptamos una posición de in­ferioridad ni malos tratos. Sólo aceptamos eso porque cree-mos que «no servimos para nada» o que no valemos lo su­ficiente.

Sea cual sea nuestro pasado, por mucho que nos hayan maltratado o que hayan abusado de nosotras cuando eramos niñas, podemos aprender a amarnos y cuidarnos. Como mujeres y madres, podemos enseñamos a nosotras mismas a desarrollar este sentido de valía personal, y en­tonces automáticamente la transmitiremos a nuestros hijos. Nuestras hijas no se dejarán maltratar y nuestros hijos res­petarán a todo el mundo, incluyendo a todas las mujeres que formen parte de su vida. Ningún niño nace siendo un agresor, y ninguna niña nace siendo una víctima ni care­ciendo de autoestima. Abusar de los demás y carecer de au­toestima son comportamientos «aprendidos». A los niños se les enseña la violencia y a las niñas a aceptar el papel de víctimas. Si queremos que los adultos de nuestra sociedad se traten mutuamente con respeto, entonces hemos de edu­car a los niños de nuestra sociedad para que sean amables y se respeten a sí mismos. Sólo de esta manera habrá un mutuo respeto entre ambos sexos.

Responsabilicémonos de nuestros actos

Valorar a las mujeres no significa rebajar a los hombres. Cas­tigar a los hombres es tan malo como hostigar a las mujeres. Castigarse a una misma también es una pérdida de tiempo. No nos conviene caer en eso. Ese comportamiento nos man­tiene atascadas y me parece que ya llevamos demasiado tiempo así. Culparnos a nosotras mismas o culpar a los hombres de todos los males de la vida no nos ayuda a sanar la situación; sólo nos mantiene impotentes. Culpar es siem­pre un acto de impotencia. Lo mejor que podemos hacer por los hombres de nuestro mundo es dejar de ser víctimas y responsabilizarnos de nuestros actos. Todo el mundo respe­ta a una persona que se valora a sí misma. Necesitamos par­tir del espacio de amor de nuestro corazón, y considerar a cada persona en este planeta como alguien que necesita amor. Cuando las mujeres nos responsabilicemos de nues­tra vida y cuidemos de nosotras mismas vamos a mover montañas. Y el mundo será un lugar mejor para vivir.

Como ya he dicho, este capítulo está dedicado princi­palmente a las mujeres, pero los hombres pueden sacar mucho provecho de él, ya que las herramientas que nos sir­ven a las mujeres, también sirven a los hombres. Las muje­res necesitamos saber, ahora mismo, que no somos ciuda­danos de segunda categoría. Ese es un mito perpetuado por ciertos sectores de la sociedad, y es una tontería. Ninguna alma es inferior; las almas ni siquiera tienen sexualidad. Sé que cuando surgieron los primeros movimientos feminis­tas, las mujeres estaban tan enfurecidas por la injusticia con que se las trataba que culpaban a los hombres de todo. Sin embargo, eso estuvo bien en ese momento, porque esas mujeres necesitaban echar fuera sus frustraciones durante un tiempo; era una especie de terapia. Vamos al terapeuta a elaborar los malos tratos recibidos en la infancia, y es nece­sario que expresemos todos nuestros sentimientos para poder sanar. Cuando un grupo lleva mucho tiempo repri­mido, al experimentar por primera vez la libertad, se desmadra.

La Rusia de hoy me parece un ejemplo perfecto de este fenómeno. Imagínate vivir en esas circunstancias de extre­ma represión y terror durante tantos años. ¿Cuánta rabia reprimida se habrá acumulado en cada una de esas perso­nas? Y, de pronto, el país se vuelve «libre», pero no se hace nada para sanar a la gente. El caos que hay actualmente en Rusia es normal y natural dadas las circunstancias. A estas personas nunca se les enseñó a quererse y cuidarse mutua­mente ní a amarse a sí mismas. No tienen modelos de paz para imitar. A mí me parece que todo el país necesita una terapia profunda para que cicatricen las heridas.

Sin embargo, cuando se da tiempo a las personas para expresar esos sentimientos, el péndulo va oscilando hasta alcanzar un punto más equilibrado. Eso es lo que nos suce­de a las mujeres ahora. Ha llegado el momento de dejar atrás la rabia y la acusación, el papel de víctimas y la impo­tencia. Ha llegado el momento de que las mujeres reconoz­camos y afirmemos nuestro poder, nos hagamos cargo de nuestros pensamientos y empecemos a crear ese mundo de igualdad que decimos que queremos.

Cuando las mujeres aprendamos a cuidar de nosotras mismas de un modo positivo, a respetarnos y a sentirnos valiosas, la vida de todos los seres humanos, incluidos los hombres, dará un salto cuántico en la dirección correcta. Habrá respeto y amor entre ambos sexos, y los hombres y las mujeres nos respetaremos mutuamente. Todo el mundo habrá aprendido que hay abundancia para todos y que po­demos bendecimos y deseamos prosperidad los unos a los otros. Todos podemos ser felices y estar sanos.

Tenemos los recursos necesarios para cambiar

Durante mucho tiempo las mujeres hemos deseado tener más dominio sobre nuestra vida. Ahora tenemos la oportu­nidad de ser todo lo que podemos ser. Sí, todavía hay mucha desigualdad en las remuneraciones y derechos lega­les de hombres y mujeres. Todavía tenemos que confor­marnos con lo que podemos obtener de los tribunales de justicia. Las leyes fueron escritas por y para los hombres. En Estados Unidos los tribunales hablan de lo que harta un «hombre sensato», incluso en los casos de violación.

Quiero animar a ¡as mujeres a iniciar una campaña de base para que se reescriban las leyes y sean igualmente favo­rables tanto para los hombres como para las mujeres. Las mujeres tenemos un tremendo poder colectivo cuando res­paldamos un lema. Ten presente que fuimos las mujeres quienes elegimos a Bill Clinton, sobre todo como reacción al trato recibido por Anita Hill. Es necesario que se nos recuerde nuestro poder, nuestro poder colectivo. La ener­gía combinada de mujeres unidas por una causa común es ciertamente poderosa. Hace 75 años las mujeres hacían campaña para conseguir el derecho al voto. Hoy podemos presentarnos de candidatas para desempeñar un cargo pú­blico.

Hemos recorrido un largo camino y no nos conviene perder eso de vista. Sin embargo, sólo estamos al comienzo de esta nueva fase de nuestra evolución. Tenemos mucho que hacer y mucho que aprender. Ahora disponemos de una nueva libertad, y necesitamos soluciones constructivas para todas las mujeres, incluidas las que viven solas.

¡Las oportunidades son ilimitadas!

Hace cien años una mujer soltera sólo podía ser sirvienta en la casa de otra persona, generalmente sin salario. No tenía posición social, ni voz ni voto en nada, y se veía obli­gada a aceptar la vida tal como se la ofrecían. Sí, en esa época ciertamente una mujer necesitaba a un hombre para tener una vida completa, a veces sólo para sobrevivir. In­cluso hace 50 años, las opciones para una mujer soltera eran muy limitadas.

Actualmente en Occidente una mujer soltera tiene todo el mundo ante ella. Puede llegar tan alto como le permitan sus capacidades y su fe en sí misma. Puede viajar, elegir su trabajo, obtener buenos ingresos, tener muchos amigos y desarrollar una elevada autoestima. Incluso puede tener diversas parejas sexuales y relaciones amorosas si lo desea. Hoy en día una mujer puede decidir tener un hijo aunque no tenga marido y continuar siendo aceptable socialmente, como hacen muchas de nuestras famosas actrices, artis­tas y figuras públicas. Puede crearse su propio estilo de vida.

Es una lástima que muchas mujeres continúen gimiendo y llorando si no tienen a un hombre a su lado. No tene­mos por qué sentirnos incompletas si no estamos casadas o no tenemos pareja. Cuando «buscamos» el amor, lo que estamos diciendo es que no lo tenemos. Pero todas tene­mos amor en nuestro interior. Nadie puede darnos el amor que podemos darnos nosotras mismas. Una vez que nos damos amor a nosotras mismas, nadie nos lo puede quitar. Es necesario que dejemos de «buscar el amor en los luga­res equivocados». La adicción a encontrar pareja no es sana, y desemboca en una relación adictiva o disfuncional. Si somos adictas a encontrar pareja, entonces esa adicción sólo refleja nuestra sensación de carencia. Es tan nociva como cualquier otra adicción. Es otra manera de decir: «¿Qué hay de malo en mí?».

La «adicción a encontrar pareja» encierra mucho miedo y el sentimiento de «no valer lo suficiente». Nos presiona­mos tanto para encontrar pareja que muchísimas mujeres aceptan relaciones abusivas. ¡No debemos hacernos eso a nosotras mismas!

No tenemos por qué creamos dolor y sufrimiento en la vida, ni sentimos solas e infelices. Todo esto son eleccio­nes, y podemos tomar nuevas decisiones que nos apoyen y satisfagan. Sí, es cierto que se nos programó para aceptar opciones limitadas, pero eso fue en el pasado. Hemos de recordar que el poder está siempre en el momento presen­te, y que podemos empezar ahora mismo a crearnos nue­vos horizontes. Considera como un regalo el tiempo que pasas sola.

Hay un proverbio chino que dice: «Las mujeres sostie­nen la mitad del cielo». Ya es hora de que hagamos que eso se convierta en realidad. No vamos a aprender a hacerlo lloriqueando, enfadándonos ni tomando el papel de vícti­mas, cediendo nuestro poder a los hombres y al sistema. Los hombres no nos convierten en víctimas; somos noso­tras las que les cedemos nuestro poder. Los hombres de nuestra vida son reflejos de lo que creemos de nosotras mismas. Muchas veces esperamos que los demás nos hagan sentir amadas y conectadas, cuando lo único que pueden hacer es reflejar nuestra propia relación con nosotras mis­mas. Así pues, es realmente necesario mejorar esta impor­tantísima relación para poder avanzar. Deseo concentrar la mayor parte de mi trabajo en ayudar a las mujeres a acep­tar y utilizar su poder de las maneras más positivas.

Lo más importante es que nos amemos a nosotras mismas

Todas necesitamos tener muy claro que hemos de empezar por amarnos a nosotras mismas. Con mucha frecuencia buscamos al «hombre ideal» para que nos solucione todos los problemas, ya se trate del padre, el novio o el marido. Ha llegado el momento de ser la «mujer ideal» para noso­tras mismas. ¿Cómo se hace eso? Comencemos por mirar nuestros defectos, no para ver lo que hay en nosotras de malo, sino para darnos cuenta de las barreras que hemos erigido y que nos impiden ser lo que podemos ser. Y sin castigarnos, eliminemos esas barreras y hagamos cambios. Sí, muchas de esas barreras son cosas que aprendimos en la infancia. Pero si una vez las aprendimos, ahora podemos desaprenderlas. Reconozcamos que estamos dispuestas a aprender a amarnos, y luego desarrollemos unas cuantas directrices:

Acaba con toda crítica. La crítica es un acto inútil; con ella jamás se consigue nada positivo. No te critiques; quítate ese peso ahora mismo. Tampoco critiques a los demás, ya que los defectos que solemos encontrar en los demás son meros reflejos de lo que no nos gusta en nosotros mismos. Pensar negativamente de otra perso­na es una de las mayores causas de limitación en nues­tra vida. Sólo nosotros nos juzgamos; ni la Vida, ni Dios ni el Universo nos juzgan. Afirma: «Me amo y me apruebo».

No te metas miedo. Todas necesitamos acabar con eso. Demasiado a menudo nos aterrorizamos con nuestros pensamientos. Sólo podemos tener un pensamiento por vez. Aprendamos a pensar en forma de afirmacio­nes positivas. De este modo, nuestra forma de pensar mejorará nuestra vida. Si te sorprendes metiéndote miedo, afirma inmediatamente: «Dejo marchar mi ne­cesidad de meterme miedo. Soy una expresión divina y magnífica de la Vida, y desde este momento vivo ple­namente».

Comprométete en la relación que tienes contigo misma. Nos comprometemos mucho en otras relaciones, pero a nosotras mismas nos dejamos de lado. Sólo tenemos tiempo para nosotras de vez en cuando. Así pues, ocúpate realmente de la persona que eres. Comprométete a amarte. Cuida de tu corazón y de tu alma. Afirma: «La persona a quien prefiero soy yo».

Trátate como a un ser amado: Respétate y cuídate. Cuando te ames, estarás más abierta para recibir el amor de otras personas. La Ley del Amor exige que en­foques la atención en lo que «deseas», no en lo que «no deseas». Concéntrate en amane. Afirma: «Me amo totalmente ahora mismo».

Cuida tu cuerpo. Tu cuerpo es un templo precioso. Si quieres tener una vida plena y satisfactoria, entonces necesitas cuidarte ahora. Es necesario que tengas buen aspecto y, por encima de todo, que te sientas bien. La nutrición y el ejercicio son importantes. Necesitas mantener tu cuerpo flexible y ágil hasta tu último día en esta maravillosa Tierra. Afirma: «Estoy sana, feliz y completa».

Edúcate. Muchas veces nos quejamos de que ignora­mos esto o aquello y de que no sabemos qué hacer. Pero eres inteligente y lista, y puedes aprender. En todas partes hay libros, clases y cintas. Si tienes pro­blemas de dinero, ve a la biblioteca. Sé que aprenderé hasta mi último día en este planeta. Afirma: «Siempre estoy aprendiendo y creciendo».

Construyete un buen futuro económico. Toda mujer tiene derecho a disponer de su propio dinero. Es importante que aceptemos esta creencia. Forma parte de nues­tro sentido de valía personal. Siempre podemos co­menzar con pocas cantidades. Lo que cuenta es conti­nuar ahorrando. Es importante hacer afirmaciones con respecto a este tema, como por ejemplo: «Aumen­to constantemente mis ingresos. Prospero adonde­quiera que vaya».

Satisface tu lado creativo. La creatividad puede ser cual­quier cosa que te satisfaga, desde preparar un pastel hasta diseñar un edificio. Tómate tiempo para expre­sarte. Si tienes hijos y dispones de poco tiempo, busca una amiga que te ayude a cuidar de tus hijos, y tú haz lo mismo por ella. Ambas os merecéis tener tiempo para vosotras. Lo valéis. Afirma: «Siempre encuentro tiempo para ser creativa».

Haz de. la alegría y la felicidad el centro de tu vida. La ale­gría y la felicidad están siempre dentro de ti. Procura conectar con ellas en tu interior. Construye tu vida al­rededor de esa alegría. Una buena afirmación para hacer diariamente es: «La alegría y la felicidad están en el centro de mi mundo».

Desarrolla una fuerte conexión espiritual con la vida. Esta conexión puede tener que ver o no con la religión en que fuiste educada. Cuando eras una niña no tenías opción. Ahora eres adulta y puedes elegir tus creencias espirituales. La soledad es uno de los momentos espe­ciales de la vida. Tu relación con tu yo interior es la más importante. Dedica tiempo a reflexionar tranqui­lamente; comunícate con tu guía interior. Afirma: «Mis creencias espirituales me apoyan y me ayudan a ser todo lo que puedo ser».

Podrías copiar estas directrices y leerlas una vez al día durante uno o dos meses, hasta que estén firmemente ins­taladas en tu conciencia y formen parte de tu vida.

– Louise L. Hay

Gratitud

Estándar

Debido a la manera en que fuimos educadas las mujeres, para cuidar, servir y anteponer las necesidades de los demás, la mayoría no tenemos suficiente autoestima ni sabemos autovalorarnos. Nos horroriza la idea de que puedan abandonarnos. Tememos las pérdidas y la falta de seguridad. No nos educaron para creer que podemos cuidar de nosotras mismas. Sólo se nos enseñó a cuidar de los demás.
Cuando una mujer se divorcia, se siente aterrada; si tiene hijos pequeños, el miedo es peor aún. « ¿Cómo voy a poder arreglármelas sola?», es la pregunta. También aguantamos trabajos o matrimonios desastrosos porque nos horroriza estar solas. Muchas mujeres se creen incapaces de cuidar de sí mismas, y sin embargo lo son.
Muchas sienten un gran miedo ante el éxito. Tienen la falsa idea de que no se merecen sentirse a gusto ni alcanzar la prosperidad. Pero es lógico que a la persona que siempre se la ha dejado en segundo lugar, le resulte difícil creerse digna de algo. A muchas mujeres las asusta tener más éxito o ganar más de lo que ganaban sus padres.
¿Cómo podemos superar, pues, el temor al abandono o el miedo al éxito? Son dos caras de la misma moneda. La respuesta está en aprender a confiar en el proceso de la Vida. La Vida está aquí para apoyarnos, para dirigirnos y guiamos siempre que le permitamos hacerlo. Si nos hemos criado bajo sentimientos de culpabilidad y manipulaciones, entonces nos sentiremos poco dignas e incapaces. Si nos hemos criado en la creencia de que la Vida es difícil y terrible, nunca sabremos relajarnos ni dejar que la Vida cuide de nosotras. En los diarios y en la televisión leemos y vemos todos los crímenes que se cometen cada día y pensamos que el mundo nos persigue para hacernos daño. Pero todos vivimos bajo las leyes de nuestra conciencia, es decir, lo que creemos se nos hace realidad. Pese a ello, lo que es cierto para otra persona no tiene por qué serlo para nosotros. Si nos tragamos las creencias negativas de la sociedad, esas expectativas se harán ciertas para nosotros y seremos objeto de muchas experiencias negativas.
Sin embargo, a medida que aprendemos a amarnos, a medida que cambia nuestra forma de pensar y desarrollamos autoestima y dignidad, comenzamos a permitir que la Vida nos dé todos los bienes que nos tiene reservados. Esto podría parecer muy simplista, y lo es. Pero también es cierto. Cuando nos relajamos y nos permitimos creer: «La Vida está para cuidar de mí y estoy a salvo», entonces comenzamos a fluir con ella; comenzamos a notar sincronismos. Así pues, siempre que encuentres los semáforos en verde o un fabuloso lugar para aparcar, cuando alguien te traiga justamente lo que necesitabas u oigas precisamente la información que deseabas tener, di « ¡Gracias!». Al Universo le encanta la persona agradecida. Cuanto más le agradezcas a la Vida, más motivo te dará ésta para estar agradecida.
Sinceramente creo que estoy protegida por Dios, que sólo me van a pasar cosas buenas y que estoy segura y a salvo. Sé que valgo y que merezco todo lo bueno. He tardado muchos años y he tenido que estudiar mucho para llegar hasta aquí. He tenido que liberarme de toneladas de negatividad. He pasado de ser una mujer amargada, temerosa, pobre, negativa, a ser una mujer segura y confiada que participa de la abundancia de la Vida. Si yo puedo, tú también puedes, siempre y cuando estés, dispuesta a cambiar tus pensamientos.
Ojalá todos supiéramos que cada uno tenemos siempre dos ángeles guardianes a nuestro lado. Estos ángeles están para ayudarnos y guiamos, pero hemos de pedir su ayuda. Nos aman muchísimo y esperan nuestra invitación. Aprende a conectar con tus ángeles y jamás volverás a sentirte sola. Algunas mujeres ven a sus ángeles, otras pueden tocarlos o escuchar sus voces; las hay que presienten sus nombres. A los míos los llamo «Chicos». Los presiento como un par. Cuando me encuentro ante un asunto o problema que no sé resolver, acudo a ellos. «Esto os toca arreglarlo a vosotros, Chicos. Yo no sé qué hacer.» Cuando me ocurren cosas buenas, o sincrónicas, de inmediato les digo: «Gracias, Chicos, ha sido fantástico, lo habéis hecho de maravilla. Os lo agradezco, de verdad». A los ángeles también les gusta la gratitud y el reconocimiento. Hazte ayudar por ellos, para eso están contigo. Les encanta hacerlo.
Para comenzar a comunicarte con tus ángeles particulares, siéntate en silencio, cierra los ojos, haz unas cuantas respiraciones profundas y trata de sentir su presencia detrás de ti, uno detrás de cada hombro. Siente su amor y calor. Pídeles que se te muestren. Permítete experimentar su protección. Pídeles que te ayuden a resolver algún problema, o que te den la respuesta a alguna pregunta que tengas. Tal vez sientas una conexión inmediata; quizá necesites más práctica. Pero de una cosa puedes estar segura: están ahí, y te aman. No hay nada que temer.
Mantener esta actitud y repetir la afirmación siempre me da buenos resultados. Me alejo del problema y afirmo la verdad sobre mí misma y sobre mi vida. Alejo a mi «mente preocupada» del problema, porque estorba, y dejo vía libre para que el Universo pueda hallar una solución. Adopto esta actitud cuando me encuentro en un embotellamiento de tráfico, en los aeropuertos, en mis relaciones con otras personas, cuando me enfrento a problemas de salud o cuestiones de trabajo. Esto no es más que aprender a fluir con la vida en lugar de luchar con cualquier cambio de planes. Haz de ésta tu «nueva» forma de afrontar los problemas y verás cómo desaparecen. Aprender y crecer forma parte de la evolución del alma. Siempre que aprendemos algo nuevo profundizamos nuestro entendimiento de la Vida. Hay muchísimas cosas de ésta que aún no hemos aprendido.
Todavía nos falta por explorar y usar un noventa por ciento de nuestro cerebro. Pienso que estamos en una época increíble y estimulante para Vivir. Cada mañana cuando me despierto le doy las gracias a la Vida por el privilegio de estar aquí y experimentar todo lo que existe. Forma parte de mis cinco o diez minutos de gratitud comenzar dando las gracias a mi cama por haberme permitido dormir bien. Expreso mi gratitud por mi cuerpo, mi hogar, mis animales, mis amigos, las cosas materiales que poseo y todas las maravillosas experiencias que sé que tendré durante el día. Siempre termino pidiéndole a la Vida que me otorgue más comprensión para tener una visión cada vez más amplia. Porque ver y saber más, hace la Vida más simple. Confío en que mi futuro será bueno.
Ten presente: las afirmaciones son declaraciones positivas que reprograman conscientemente la mente para aceptar nuevas maneras de vivir. Elige afirmaciones
Cuando comienzan a aumentar tus ingresos, cuando mejora tu trabajo, cuando comienza a entrar el dinero a raudales, ya te lo has ganado en la conciencia. Ese nuevo estado es tuyo y te corresponde disfrutarlo. Una buena afirmación sería: «Me lo he ganado. Me lo merezco; ya lo he ganado». Y luego agradecerlos sentir gratitud. Como ya he dicho antes, al Universo le gustan las personas agradecidas.
Su gratitud le traerá más bendiciones.
Al expresar gratitud por lo que ya tenemos, propiciamos que aumente. Afirme que está abriendo su conciencia a una mayor prosperidad, y que parte de esa prosperidad.

                      Louise Hay
Fragmento Libro “El Mundo te esta Esperando”

 

¡Amarnos es la clave!

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Todas necesitamos tener muy claro que hemos de empezar por amarnos a nosotras mismas . Con mucha frecuencia buscamos al «hombre ideal» para que nos solucione todos los problemas, ya se trate del padre, el novio o el marido. Ha llegado el momento de ser la «mujer ideal» para nosotras mismas. ¿Cómo se hace eso? Comencemos por mirar nuestros defectos, no para ver lo que hay en nosotras de malo, sino para darnos cuenta de las barreras que hemos erigido y que nos impiden ser lo que podemos ser. Y sin castigarnos, eliminemos esas barreras y hagamos cambios. Sí, muchas de esas barreras son cosas que aprendimos en la infancia. Pero si una vez las aprendimos, ahora podemos desaprenderlas .

Reconozcamos que estamos dispuestas a aprender a amarnos, y luego desarrollemos unas cuantas directrices:

Acaba con toda crítica.
La crítica es un acto inútil; con ella jamás se consigue nada positivo. No te critiques; quítate ese peso ahora mismo. Tampoco critiques a los demás,ya que los defectos que solemos encontrar en los demás son meros reflejos de lo que no nos gusta en nosotros mismos. Pensar negativamente de otra persona es una de las mayores causas de limitación en nuestra vida. Sólo nosotros nos juzgamos; ni la Vida, ni Dios ni el Universo nos juzgan. Afirma: «Me amo y me apruebo».

No te metas miedo.
Todas necesitamos acabar con eso. Demasiado a menudo nos aterrorizamos con nuestros pensamientos. Sólo podemos tener un pensamiento por vez.

Aprendamos a pensar en forma de afirmaciones positivas.
De este modo, nuestra forma de pensar mejorará nuestra vida. Si te sorprendes metiéndote miedo, afirma inmediatamente: «Dejo marchar mi necesidad de meterme miedo. Soy una expresión divina y magnífica de la Vida, y desde este momento vivo plenamente».

Comprométete en la relación que tienes contigo misma.
Nos comprometemos mucho en otras relaciones, pero a nosotras mismas nos dejamos de lado. Sólo tenemos tiempo para nosotras de vez en cuando. Así pues, ocúpate realmente de la persona que eres. Comprométete a amarte. Cuida de tu corazón y de tu alma. Afirma: «La persona aqui prefiero soy yo».

Trátate como a un ser amado:
Respétate y cuídate. Cuando te ames,estarás más abierta para recibir el amor de otras personas. La Ley del Amor exige que enfoques la atención en lo que «deseas», no en lo que «no deseas». Concéntrate en amane.Afirma: «Me amo totalmente ahora mismo».

Cuida tu cuerpo.
Tu cuerpo es un templo precioso. Si quieres tener una vida plena y satisfactoria, entonces necesitas cuidarte ahora. Es necesario que tengas buen aspecto y,por encima de todo, que te sientas bien. La nutrición y el ejercicio son importantes.Necesitas mantener tu cuerpo flexible y ágil hasta tu último día en esta maravillosa Tierra. Afirma: «Estoy sana, feliz y completa».

Edúcate.
Muchas veces nos quejamos de que ignoramos esto o aquello y de que no sabemos qué hacer. Pero eres inteligente y lista, y puedes aprender. En todas partes hay libros, clases y cintas. Si tienes problemas de dinero, ve a la biblioteca. Sé que aprenderé hasta mi último día en este planeta. Afirma: «Siempre estoy aprendiendo y creciendo».

Construyete un buen futuro económico.
Toda mujer tiene derecho a disponer de su propio dinero. Es importante que aceptemos esta creencia. Forma parte de nuestro sentido de valía personal. Siempre podemos comenzar con pocas cantidades. Lo que cuenta es continuar ahorrando. Es importante hacer afirmaciones con respecto a este tema, como por ejemplo: «Aumento constantemente mis ingresos. Prospero adonde quiera que vaya».

Satisface tu lado creativo.
La creatividad puede ser cualquier cosa que te satisfaga,desde preparar un pastel hasta diseñar un edificio. Tómate tiempo para expresarte. Si tienes hijos y dispones de poco tiempo, busca una amiga que te ayude a cuidar de tus hijos, y tú haz lo mismo por ella. Ambas os merecéis tener tiempo para vosotras. Lo valéis. Afirma: «Siempre encuentro tiempo para ser creativa».

Haz de. la alegría y la felicidad el centro de tu vida.
La alegría y la felicidad están siempre dentro de ti. Procura conectar con ellas en tu interior. Construye tu vida alrededor de esa alegría. Una buena afirmación para hacer diariamente es: «La alegría y la felicidad están en el centro de mi mundo».

Desarrolla una fuerte conexión espiritual con la vida.
Esta conexión puede tener que ver o no con la religión en que fuiste educada. Cuando eras una niña no tenías opción.Ahora eres adulta y puedes elegir tus creencias espirituales. La soledad es uno de los momentos especiales de la vida. Tu relación con tu yo interior es la más importante.Dedica tiempo a reflexionar tranquilamente; comunícate con tu guía interior. Afirma: «Mis creencias espirituales me apoyan y me ayudan a ser todo lo que puedo ser» .

Podrías copiar estas directrices y leerlas una vez al día durante uno o dos meses,hasta que estén firmemente instaladas en tu conciencia y formen parte de tu vida.

(Louise L. Hay de su Libro Vivir).

Amarse uno mismo

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“Cuando uno perdona y libera no sólo se quita de encima una enorme y pesada carga sino que además abre la puerta hacia el amor a sí mismo”.

¿Cómo amarse?

Examinemos algunas formas de amarnos a nosotros mismos que pueden resultar útiles para aquellos de nosotros que ya llevan algún tiempo trabajando en ello, y también para las personas que acaban de comenzar. Yo los llamo mis Diez Pasos. Amarse a uno mismo es una aventura maravillosa; es como aprender a volar. ¿Te imaginas que todos tuviéramos el poder de volar a voluntad? ¡Sería fantástico! Empecemos a amarnos ahora mismo.

Diez maneras de amarnos:

1. Dejemos de criticarnos

Este es quizá el punto más importante. Si nos decimos a nosotros mismos que, pase lo que pase, estamos bien y valemos, podemos cambiar con facilidad nuestra vida. Pero si nos decimos que estamos mal, nos resultará enormemente difícil lograrlo. Todos cambiamos, todos. Cada día es un nuevo día y hacemos las cosas de manera algo diferente a como las hicimos el día anterior. Nuestra capacidad para adaptarnos y avanzar con el proceso de la vida es nuestro poder.
Las personas que proceden de hogares problemáticos suelen tener un sentido de la responsabilidad exagerado y han adquirido la costumbre de juzgarse sin piedad. Crecieron en medio de la tensión y la angustia El mensaje que recibieron cuando eran niños les hace pensar: «Seguro que algo no funciona bien en mí». Piensa por un momento en las palabras que empleas cuando te regañas. Las más comunes son: estúpido, chico malo, chica mala, inútil, descuidado, feo, bobo, indigno, perezoso, desaseado, etc. ¿Son éstas las mismas palabras que empleas para describirte?. Tenemos una gran necesidad de fortalecer nuestra propia valía y mérito, porque cuando pensamos que no valemos lo suficiente encontramos la manera de ser siempre desgraciados. Nos creamos enfermedades y dolor, aplazamos cosas que nos beneficiarían, maltratamos nuestro cuerpo con comidas dañinas, con alcohol y otras drogas.

2. Dejemos de asustarnos

Muchos de nosotros nos llenamos de miedo con pensamientos aterradores, logrando con ellos hacer las situaciones peores de lo que son. Cogemos un pequeño problema y lo transformamos en un monstruo gigantesco. Es una forma terrible de vivir, siempre a la espera de que ocurra lo peor en nuestra vida. ¿Cuántos de vosotros os vais a la cama por la noche imaginándoos el peor de los guiones posibles para un problema? Eso es lo mismo que hace un niño pequeño cuando se imagina que hay monstruos debajo de la cama y se asusta por ello. Si haces esto, no es raro entonces que no puedas dormir. Cuando eras pequeño necesitabas que tu madre o tu padre vinieran a tranquilizarte. Ahora que eres adulto sabes que tienes la capacidad de tranquilizarte a ti mismo.
También ocurre a menudo en las relaciones. Alguien no te llama por teléfono e inmediatamente supones que no eres digno de amor y decides que jamás vas a volver a embarcarte en otra relación. Te sientes abandonado y rechazado. Lo mismo sucede con el trabajo. Alguien te hace un comentario y comienzas a pensar que te van a despedir. Construyes estos paralizantes pensamientos en tu mente. Recuerda que los pensamientos de temor son afirmaciones negativas. Si habitualmente repasas en tu mente situaciones o pensamientos negativos, busca la imagen de algo con lo que verdaderamente te gustaría reemplazarlos. Podría ser un hermoso paisaje, una puesta de sol, flores, algún deporte, o cualquier cosa que te guste. Utiliza esa imagen como un «interruptor» cada vez que te des cuenta de que tienes pensamientos de miedo.
Di: «No, ya no voy a pensar en eso. Voy a pensar en puestas de sol, en rosales, en París, en yates o hermosos saltos de agua», según cual sea tu imagen. Si lo haces así, finalmente superarás la costumbre, aunque es algo que requiere mucha práctica.

3. Seamos amables, cariñosos pacientes con nosotros mismos

Con mucho humor Oren Arnold escribió: «Querido Dios, te ruego que me des paciencia. ¡Y la quiero ahora mismo!». La paciencia es una herramienta muy potente. La mayoría sufrimos de la expectativa de la gratificación inmediata. Queremos que todo suceda enseguida. No tenemos paciencia para esperar nada. Nos irritamos si tenemos que esperar en una cola o si estamos atascados en un embotellamiento. Queremos todas las respuestas y todos los bienes ahora mismo, ya. Con muchísima frecuencia hacemos desgraciadas a otras personas con nuestra impaciencia. La impaciencia es una resistencia a aprender. Deseamos tener las respuestas sin aprender la lección o sin dar los pasos necesarios.
Piensa en tu mente como si fuera un jardín. Para empezar, un jardín es un trozo de tierra. Puede que en él haya muchas zarzas de odio a uno mismo y piedras de desesperación, rabia y preocupación. Hay un viejo árbol llamado miedo que necesita una buena poda o que lo corten. Una vez hayas limpiado bien el terreno y abonado la tierra, siembra algunas semillas de alegría y prosperidad. El sol brilla sobre tu jardín, y tú lo riegas, lo abonas y lo cuidas amorosamente. Al principio no se ve que suceda gran cosa. Pero tú no te detengas, continúa cuidando tu jardín. Si tienes paciencia, las plantas crecerán y se llenarán de flores. Lo mismo sucede en tu mente: tú seleccionas los pensamientos que vas a cuidar, y si tienes paciencia, verás cómo crecen y contribuyen a crear el jardín de experiencias que deseas.
Todos cometemos errores. Es normal equivocarse cuando se está aprendiendo. Como ya he dicho, son muchas las personas que padecen de perfeccionismo. No se dan ni una sola oportunidad de aprender algo nuevo porque si no lo hacen a la perfección en los tres primeros minutos, ya suponen que no sirven. Cualquier cosa que decidas aprender requiere tiempo. Cuando uno comienza a hacer algo que nunca ha hecho, generalmente lo encuentra algo raro. Lo mismo sucede cuando hacemos algo de una forma nueva. Puede parecernos diferente e inmediatamente la juzgamos. Sin embargo, con un poco de práctica se nos hace normal y natural, No vamos a amarnos a nosotros mismos totalmente en un solo día, pero podemos amarnos un poco más cada día. Si cada día nos damos un poquitín más de amor, dentro de dos o tres meses habremos progresado bastante en nuestro amor propio. Así pues, las equivocaciones son nuestros peldaños. Son muy valiosas porque son nuestras maestras. No te castigues por cometer un error. Si estás dispuesto a utilizarlo para aprender y crecer, entonces te servirá como un peldaño hacia la realización total en tu vida. Algunos llevamos bastante tiempo trabajando en nosotros mismos, y nos preguntamos por qué aún nos siguen reapareciendo problemas. Es necesario que continuemos reforzando lo que sabemos, que no nos resistamos agarrándonos la cabeza y exclamando: « ¿De qué me sirve?». Cuando estamos aprendiendo algo nuevo tenemos que ser dulces y cariñosos con nosotros mismos. Recuerda el jardín de que hablábamos hace un momento. Cuando aparezca una mala hierba negativa, arráncala cuanto antes.

4. Aprendamos a ser cariñosos con nuestra mente

No nos odiemos por tener pensamientos negativos. Podemos considerar que estos pensamientos nos «construyen», y no que nos «derriban». No tenemos por qué culparnos por tener experiencias negativas. Podemos aprender de ellas. Ser cariñosos con nosotros mismos quiere decir dejar de culparnos, dejar de sentirnos culpables, acabar con todo castigo y con todo dolor.
También puede ayudarnos la relajación, esta es absolutamente esencial para comunicarnos con el Poder interior, porque si uno está tenso y asustado corta, obstruye su energía. Sólo lleva unos pocos minutos al día permitir al cuerpo y a la mente abandonarse y relajarse. En cualquier momento puedes cerrar los ojos, hacer unas cuantas respiraciones profundas y liberar cualquier tensión que lleves contigo. Al espirar, céntrate y di en silencio: «Te quiero. Todo está bien». Verás cómo te sientes mucho más tranquilo. Así te envías mensajes que te dicen que no tienes por qué ir por la vida continuamente tenso y asustado.
Meditación diaria. También recomiendo acallar la mente y escuchar la propia sabiduría interior. Nuestra sociedad ha hecho de la meditación algo misterioso y difícil; no obstante, es uno de los procesos más antiguos y sencillos que existen. Lo único que necesitamos hacer es relajarnos y repetir en silencio palabras tales como «amor» o «paz», u otra que tenga sentido para nosotros. «Om» es un sonido muy antiguo que empleo en mis talleres y da muy buen resultado. Incluso podemos repetir: «Me amo», o «Me perdono», o «Soy perdonado». Después, escuchemos un momento. Hay quien cree que para meditar es preciso hacer que la mente deje de pensar. En realidad, no podemos detener la mente, pero sí podemos hacer más lentos nuestros pensamientos y dejar que fluyan. Se puede meditar en cualquier sitio y convertir la meditación en un hábito. Considérala como una manera de concentrarte en tu Poder Superior, de comunicarte contigo mismo y con tu sabiduría interior.
Visualizar resultados optimistas. Es muy importante también la visualización y hay muchas técnicas para llevarla a cabo. Mediante la visualización creas imágenes nítidas y positivas que refuerzan tus afirmaciones. Lo importante a tener en cuenta respecto a las visualizaciones es que deben ser compatibles con el tipo de persona que eres. De lo contrario, no funcionarán.

5. Elogiémonos

La crítica deprime al espíritu; el elogio lo levanta. Reconoce tu Poder, reconoce a tu yo Dios. Todos somos expresiones de la Inteligencia Infinita. Cuando te desprecias, desprecias al Poder que te ha creado. Empieza por cosas pequeñas. Di a ti mismo que eres una persona maravillosa. Si lo haces una vez y dejas de hacerlo, no funciona. Continúa, aunque sea un minuto cada vez. Créeme, a medida que lo vas haciendo resulta más fácil. La próxima vez que hagas algo nuevo o diferente, o algo que comienzas a aprender y no sabes muy bien cómo hacerlo, proporciónate aliento y apoyo. Permítete aceptar lo bueno tanto si crees que te lo mereces como si no. Ya hemos hablado de cómo la creencia de que no somos merecedores es nuestra resistencia a aceptar el bien en nuestra vida. Eso es lo que nos impide tener lo que deseamos. ¿Cómo vamos a decir nada bueno de nosotros si creemos que no nos merecemos lo bueno?.

6. Amarnos significa apoyarnos

Acude a tus amigos y permíteles que te echen una mano. En realidad, es una muestra de fortaleza pedir ayuda cuando se la necesita. Son demasiadas las personas que han aprendido a ser autosuficientes. No pueden pedir ayuda porque su ego se lo prohíbe. En lugar de intentar hacerlo todo solo y enfadarte porque no lo consigues, la próxima vez pide ayuda.
En todas las ciudades hay grupos de apoyo. Existen programas de 12 Pasos casi para todos los problemas. Además, en algunas áreas hay Círculos Curativos y organizaciones afiliadas a iglesias. Si no logras encontrar lo que deseas, puedes iniciar tu propio grupo. No es tan difícil como podría parecer. Reúne a dos o tres amigos que tengan los mismos problemas y establece unas pocas líneas directrices a seguir. Si lo haces con el amor de tu corazón, el grupo crecerá. La gente se sentirá atraída como por un imán. No te preocupes si el grupo empieza a crecer y el lugar de reunión se hace demasiado pequeño. El Universo siempre provee. Todos podemos estar de verdad presentes los unos para los Otros.
Los grupos de apoyo se han convertido en una nueva entidad social y son instrumentos muy efectivos para esta compleja época. Cuando las personas trabajan juntas en un objetivo común, acuden con su dolor, su confusión, su rabia o lo que sea, y se unen, no para quejarse y gemir, sino para encontrar la forma de superar sus problemas, para elevarse por encima de ellos y crecer.

7. Amemos nuestros rasgos negativos

Todos ellos forman parte de nuestra creación, del mismo modo que todos nosotros formamos parte de la creación de Dios. La Inteligencia que nos ha creado no nos odia porque cometamos errores o porque nos enfademos con nuestros hijos. Esta Inteligencia sabe que hacemos lo mejor que sabemos y nos ama porque todos somos sus creaciones; de igual modo podemos amarnos nosotros. Vosotros y yo, todos hemos hecho elecciones negativas, y si continuamos castigándonos por ellas, se convertirán en pautas habituales y nos resultará muy agotador dejarlas marchar y hacer elecciones más positivas.
Si te pasas la vida diciendo: «Odio mi trabajo. Odio mi casa. Odio mi enfermedad. Odio esta relación. Odio esto, odio aquello…», muy pocas cosas buenas podrán entrar en tu vida. Sea cual fuere la situación negativa en que te encuentres, está ahí por algún motivo; de otra forma, no le hubieras permitido entrar en tu vida. El doctor John Harrison, autor del libro Love your disease [Ame su enfermedad] dice que jamás hay que condenar a nadie por haber sido operado muchas veces o por tener diversas enfermedades. Es necesario que entendamos que sea cual sea el problema que tengamos, nosotros contribuimos a crearlo con el fin de manejar ciertas situaciones. Una vez comprendido esto, podemos encontrar formas positivas de satisfacer nuestras necesidades. Sean cuales fueren nuestras pautas negativas, podemos aprender a satisfacer esas necesidades de forma más positiva. Por eso es tan importante hacerse la pregunta:« ¿Qué beneficio saco de esta experiencia? ¿Qué hay de positivo en ella?». No suele gustar responder a esa pregunta. Pero si realmente miramos en nuestro interior y somos honestos con nosotros mismos, encontraremos la respuesta.

8. Cuidemos nuestro cuerpo

Considera tu cuerpo como una maravillosa casa en la que vives durante un tiempo. Amas y cuidas tu casa, ¿verdad? Así pues, vigila lo que metes dentro de tu cuerpo. El abuso del alcohol y otras drogas está muy extendido; son métodos de escape populares. Si te drogas, eso no quiere decir que seas una mala persona, sino que no has encontrado una forma más positiva de satisfacer tus necesidades.
Las drogas nos tientan: «Ven, juega conmigo y lo pasaremos muy bien». Es verdad. Pueden hacernos sentir maravillosamente. Sin embargo, nos alteran demasiado la realidad, y aunque al principio no se note, el precio es terrible al final. Después de ingerir drogas durante un tiempo, la salud se resiente tremendamente y la persona se siente mal. Las drogas perjudican el sistema inmunitario, lo cual puede conducir a numerosos trastornos físicos. Además, después de un repetido uso, se desarrolla la adicción, y entonces uno se pregunta por qué comenzó a tomar drogas. La presión de los compañeros o amigos puede que te haya obligado al comienzo, pero el uso repetido y continuado es otra historia. Busca alguna forma de hacer ejercicio que te guste, que te resulte agradable. Adopta una actitud mental positiva hacia el tipo de ejercicio que realizas. Muchas veces nos creamos obstáculos en el cuerpo principalmente como consecuencia de lo que asimilamos de otras personas. Aquí también, si quieres hacer cambios, es necesario que te perdones y dejes de introducir rabia y rencor en el cuerpo. La combinación de las afirmaciones con el ejercicio físico es una buena manera de reprogramar los conceptos negativos respecto al propio cuerpo.

9. Trabajemos con el espejo

Siempre insisto en la importancia del trabajo con el espejo para descubrir la causa de un problema que nos impide amarnos. Hay varias formas de llevar a la práctica este trabajo. A mí me gusta mirarme al espejo tan pronto como me levanto; es lo primero que hago por la mañana, y me digo: «Te amo. ¿Qué puedo hacer por ti hoy? ¿Cómo puedo hacerte feliz?». Escucha tu voz interior y actúa en consecuencia.Puede que al principio no oigas nada, porque estás tan acostumbrado a reprenderte que no sabes cómo responder con un pensamiento amable y cariñoso.
Si durante el día te sucede algo desagradable, e al espejo y di: «Te amo de todas maneras». Los acontecimientos vienen y van, pero el amor que sientes por ti permanece, y es la cualidad más importante que posees. Si te sucede algo fantástico, ve al espejo y di: «Gracias». Agradécete a ti mismo la experiencia maravillosa que te has creado.
También puedes perdonar frente al espejo. Perdónate y perdona a los demás. Puedes hablar con otras personas mirándote en el espejo, sobre todo si temes hablar con ellas de determinadas cosas. Puedes limpiar y arreglar viejos asuntos pendientes con tus padres, jefes, médicos, hijos, amantes… Puedes decirles todas las cosas que no te atreves a decirles en persona; y acuérdate de finalizar la conversación pidiéndoles su amor y su aprobación, ya que eso es lo que verdaderamente necesitas. Las personas que tienen problemas para amarse a sí mismas son casi siempre aquellas que no están dispuestas a perdonar, porque no perdonar cierra la puerta del amor.
Cuesta muchísimo que los hijos dejen de amar a sus padres, pero cuando lo hacen, les cuesta muchísimo más perdonarlos. Cuando no queremos perdonar, cuando no queremos liberar y olvidar, lo que hacemos es atarnos al pasado; si estamos atados al pasado no podemos vivir en el presente, y si no vivimos en el presente, ¿cómo podemos crearnos un glorioso futuro?. La vieja basura del pasado sólo crea más basura para el futuro.
Las afirmaciones realizadas frente al espejo tienen una ventaja: aprendemos la verdad de nuestra existencia. Si haces una afirmación e inmediatamente recibes una respuesta negativa como «A quién quieres engañar? Eso no es cierto. Tú no te mereces eso», acabas de recibir un regalo que puedes utilizar. No podrás hacer los cambios que deseas hasta que estés dispuesto a ver qué es lo que te lo impide. La respuesta negativa que acabas de descubrir es como un regalo, pues se convierte en la llave para la libertad. Transforma esa respuesta negativa en una afirmación positiva como «Ahora me merezco todo lo bueno. Permito que mi vida se llene de buenas experiencias». Repite la nueva afirmación hasta que realmente se incorpore a tu vida.
También he visto que se operan enormes cambios en una familia cuando uno de sus miembros hace afirmaciones. Muchas personas de las que asisten a las reuniones de los miércoles provienen de familias distanciadas. Literalmente no se hablan con sus padres. Les he hecho repetir la afirmación: «Tengo una relación maravillosa con cada uno de mis familiares; nos comunicamos con cariño, comprensión y sinceridad, incluso con mi madre» (o quienquiera que sea la persona con quien tienen el problema). Les recomiendo que cada vez que esa persona o la familia les venga a la mente, vayan al espejo y digan la afirmación una y otra vez. Es asombroso ver cómo los padres acuden también a la reunión tres, seis o nueve meses después.

10. Amémonos ya , ahora mismo

No esperes a haber arreglado las cosas para amarte. La insatisfacción contigo mismo es una pauta habitual. Si logras sentirte satisfecho contigo mismo ahora, si puedes amarte y aprobarte ahora, entonces serás capaz de disfrutar de lo bueno cuando venga. Una vez que aprendas a amarte a ti mismo, comenzarás a amar y a aceptar a los demás. No podemos cambiar a otras personas, de modo que dejémoslas en paz. Gastamos muchísima energía intentando hacer que los demás cambien. Si empleáramos la mitad de esa energía en nosotros mismos, podríamos llegar a actuar de otra manera, y entonces los demás reaccionarían también de modo diferente.

Uno no puede aprender en lugar de otra persona. Cada uno tiene que aprender su propia lección o enseñanza particular. Lo único que podemos hacer es aprender en nuestro propio nombre, y amarnos es el primer paso, con el fin de que el comportamiento destructivo de otra persona no nos destruya. Si mantienes una relación con una persona realmente negativa y que no desea cambiar, necesitas amarte lo suficiente para poder alejarte de ello

El objetivo que en mi opinión hemos venido a conseguir aquí es el amor incondicional, y para lograrlo debemos empezar por amarnos y aceptarnos a nosotros mismos. No estamos aquí para contentar a otras personas o para vivir según sus directrices, sólo podemos vivir a nuestra manera y caminar por nuestra propia senda. Hemos venido a realizarnos a nosotros mismos y a expresar el amor en su sentido más profundo. Tú estás aquí para aprender y crecer, y para asimilar y proyectar compasión y comprensión. Cuando abandones el planeta no te llevarás a tus amigos ni a tu pareja, ni tu coche, tu cuenta bancaria o tu trabajo. Lo único que te llevarás será tu capacidad de amar.

(Louise L. Hay de su Libro: El Poder esta dentro de Ti).

 

 

 

 

El perdón es la llave de la libertad.

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“¿Prefieres tener razón o ser feliz?”, suelo preguntar a mis clientes. Todos tenemos opiniones sobre quién tiene razón y quién está equivocado, según nuestra propia forma de entender las cosas; y todos podemos encontrar razones que justifiquen nuestra opinión y nuestros sentimientos. Deseamos castigar a otras personas por lo que nos han hecho. Sin embargo, somos nosotros quienes “pasamos la película” una y otra vez en nuestra mente, Es tonto castigarnos ahora por el daño que alguien nos hizo en el pasado.
Para liberar y dejar atrás el pasado es preciso estar dispuestos a perdonar, aun cuando nos sepamos cómo hacerlo. Perdonar significa renunciar a nuestros sentimientos dolorosos y sencillamente dejar que lo que los provocó se marche. Un estado de no perdón efectivamente destruye algo dentro de nosotros.
Sea cual fuere la senda espiritual que sigues, lo normal es que descubras que el perdón es un asunto importantísimo en cualquier momento, pero sobre todo cuando hay una enfermedad. Cuando estamos enfermos es preciso que observemos lo que nos rodea y veamos qué necesitamos perdonar. Generalmente sucede que aquella persona a la que pensamos que jamás vamos a perdonar es precisamente la que más necesitamos perdonar. No perdonar a una persona no le causa el menor daño a ella, pero a nosotros nos provoca estragos. El problema no es de ella. El problema es nuestro.
Los rencores y heridas que nos duelen tienen mucho que ver con perdonarnos a nosotros mismos, no a otra persona. Afirma que estás totalmente dispuesto a perdonarte: “Estoy dispuesto a liberarme del pasado. Estoy dispuesto a perdonar a todos aquellos que alguna vez me hicieron daño, y me perdono por haber dañado a otros”. Si piensas en alguien que te hizo daño en algún momento de tu vida, bendice a esa persona con amor y libérala Después, desecha el pensamiento.
No deseo castigarme en el presente por lo que otras personas me hicieron en el pasado. Ahora puedo mirar hacia atrás y decir: “Ah, sí, eso es algo que sucedió”. Pero ya no vivo allí. Y no es lo mismo que justificar o excusar su comportamiento.
Si te sientes estafado o timado por alguien, has de saber que nadie puede quitarte nada que sea tuyo por derecho. Si te pertenece, volverá a ti en el momento oportuno. Si algo no retorna, eso quiere decir que no había de volver. Acéptalo y continúa con tu vida.
Para ser libre es preciso abandonar el resentimiento “que clama justicia” y superar los sentimientos de autocompasión. Para tener poder es preciso estar con los pies apoyados en el suelo y asumir la responsabilidad.
Tómate un momento, cierra los ojos e imagínate un hermoso riachuelo que pasa junto a ti. Coge la vieja experiencia dolorosa, la herida, la falta de perdón, y lánzalo todo al riachuelo. Observa cómo comienza a disolverse avanzando río abajo hasta que se disipa y desaparece totalmente. Haz esto lo más a menudo que puedas.
Ha llegado el momento de la compasión y la curación. Entra en tu interior y comunícate con esa parte tuya que sabe curar. Eres increíblemente competente.
Ojalá que pudiéramos comprender que todos nuestros supuestos problemas son sólo oportunidades para que crezcamos y cambiemos, y que la mayoría de ellos procede de las vibraciones que hemos estado emitiendo. Lo único que necesitamos hacer es cambiar nuestra forma de pensar, y estar dispuestos a disolver el rencor y a perdonar.

Louise L. Hay

LA CURACIÓN DE LAS VIEJAS HERIDAS

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He descubierto que el trabajo con el niño interior es sumamente útil para curar las heridas del pasado. No siempre conectamos con los sentimientos del asustado pequeño que llevamos dentro. Si en tu infancia sentiste mucho miedo y angustia, y ahora te castigas mentalmente, continúas tratando a tu niño interior de la misma forma. Sin embargo, él no tiene ningún otro Sitio adonde ir. Es necesario que superes las limitaciones de tus padres.
Necesitas comunicarte con el pequeño, que se siente perdido. Tu niño interior necesita saber que tú lo amas.Tómate un momento ahora mismo y dile que te interesas por él: «Te quiero. Me importas. De verdad te quiero».

Tal vez le has estado diciendo esto a la persona adulta que llevas dentro. De modo que empieza a decírselo también a tu niño.

Imagínate que le coges la mano y ambos vais a todas partes juntos durante unos días.

Verás las felices y alegres experiencias que podéis tener.

Necesitas comunicarte con esa parte de ti mismo. ¿Qué mensajes deseas escuchar? Siéntate en silencio, cierra los ojos y habla con tu niño interior.

Si te has pasado años sin hablar con él, es posible que tengas que insistir unas cuantas veces para que el niño realmente crea que quieres hablarle. Insiste: «Deseo hablar contigo. Deseo verte. Deseo amarte». Finalmente lograrás la comunicación. Es posible que veas al niño dentro de ti, que lo sientas, que lo escuches.

La primera vez que hables con tu niño interior puedes comenzar por pedirle disculpas. Dile que lamentas no haber hablado con él o haberle reprendido durante todos estos años. Dile que deseas compensar todo el tiempo que habéis estado separados. Pregúntale qué puedes hacer para hacerle feliz, y de qué tiene miedo.Pregúntale qué desea él de ti.

Empieza con preguntas sencillas; obtendrás respuestas.
«Qué puedo hacer para hacerte feliz? ¿Qué te gustaría que hiciéramos hoy?» Por ejemplo, le puedes decir: «Me gustaría salir a caminar, ¿qué deseas tú?». El niño puede contestar: «Ir a la playa». Así habrá comenzado la comunicación. Persevera. Si te puedes tomar unos instantes cada día para comunicarte con el pequeño que llevas en tu interior, la vida te va a resultar muchísimo mejor.

Louise L. Hay

 

ESCUCHA TU CUERPO….CUANDO DUELE…LA PREGUNTA ES: * PARA QUE? *

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Con amor escucho los mensajes de mi cuerpo.

Estoy convencida de que nosotros mismos creamos todo lo que llamamos «enfermedad». El cuerpo, como todo en la vida, es un espejo de nuestras ideas y creencias. El cuerpo está siempre hablándonos; sólo falta que nos molestemos en escucharlo. Cada célula de su cuerpo responde a cada una de las cosas que usted piensa y a cada palabra que dice.

Cuando un modo de hablar y de pensar se hace continuo, termina expresándose en comportamientos y posturas corporales, en formas de estar y de «mal estar». La persona que tiene continuamente un gesto ceñudo no se lo creó teniendo ideas alegres ni sentimientos de amor. La cara y el cuerpo de los ancianos muestra con toda claridad la forma en que han pensado durante toda una vida. ¿Qué cara tendrá usted a los ochenta años?

El sufrimiento físico nos da una pista sobre cuál es el dominio de la vida en que nos sentimos culpables. El grado de daño físico nos permite saber hasta qué punto era severo el castigo que necesitábamos, y a cuánto tiempo debíamos estar sentenciados.

- Los oídos representan la capacidad de oír. Cuando hay problemas con los oídos, eso suele significar que a uno le está pasando algo de lo que no se quiere enterar. El dolor de oídos indica que lo que se oye provoca enfado.

- Los ojos representan la capacidad de ver, y cuando tenemos problemas con ellos eso significa, generalmente, que hay algo que no queremos ver, ya sea en nosotros o en la vida, pasada, presente o futura.

¿No estará usted negando algo que sucede en su presente? ¿Qué es lo que no quiere enfrentar? ¿Tiene miedo de contemplar el presente o el futuro? Si pudiera ver con claridad, ¿qué vería que ahora no ve? ¿Puede ver lo que está haciéndose a sí mismo?. Sería interesante considerar estas preguntas.

- Los dolores de cabeza provienen del hecho de desautorizarnos a nosotros mismos. La próxima vez que le duela la cabeza, deténgase a pensar cómo y cuándo ha sido injusto con usted mismo. Perdónese, no piense más en el asunto, y el color de cabeza volverá a disolverse en la nada de donde salió.

- Las migrañas o jaquecas se las crean las personas que quieren ser perfectas y que se imponen a sí mismas una presión excesiva. En ellas está en juego una intensa cólera reprimida. Es interesante señalar que casi siempre una migraña se puede aliviar masturbándose, si uno lo hace tan pronto como el dolor se inicia. La descarga sexual disuelve la tensión y, por lo tanto, el dolor. Tal vez a usted no le apetezca masturbarse en ese momento, pero vale la pena probarlo. No se pierde nada.

- El cuello y la garganta son fascinantes porque es mucho lo que pasa en esa zona. El cuello representa la capacidad de ser flexibles en nuestra manera de pensar, de ver los diversos aspectos de una cuestión y de aceptar que otras personas tengan puntos de vista diferentes. Cuando hay problemas con el cuello, generalmente significan que nos hemos «atrincherado» en nuestro concepto de una situación.

- La garganta representa nuestra capacidad de «defendernos» verbalmente, de pedir lo que queremos, de decir «yo soy», etcétera. Cuando tenemos problemas con ella, eso significa generalmente que no nos sentimos con derecho a hacer esas cosas. Nos sentimos inadecuados para hacernos valer.

El dolor de garganta es siempre enfado. Si además hay un resfriado, existe también confusión mental.

La laringitis significa generalmente que uno está tan enojado que no puede hablar.

La amigdalitis y los problemas tiroideos no son más que creatividad frustrada, incapaz de expresarse.

- El corazón representa el amor, y la sangre el júbilo. El corazón es la bomba que, con amor, hace que el júbilo circule por nuestras venas. Cuando nos privamos del amor y el júbilo, el corazón se encoge y se enfría, y como resultado, la circulación se hace perezosa y vamos camino de la anemia, la angina de pecho y los ataques cardíacos.

Pero el corazón no nos «ataca». Somos nosotros los que nos enredamos hasta tal punto en los dramas que nos creamos que con frecuencia dejamos de prestar atención a las pequeñas alegrías que nos rodean. Nos pasamos años expulsando del corazón todo el júbilo, hasta que, literalmente, el dolor lo destroza. La gente que sufre ataques cardíacos nunca es gente alegre. Si no se toma el tiempo de apreciar los placeres de la vida, lo que hace es prepararse un «ataque al corazón».

- El estómago se lo traga todo, digiere las ideas y experiencias nuevas que tenemos. ¿Qué (o quién) es lo que usted no puede tragar? ¿Y lo que le revuelve el estómago?

Cuando hay problemas de estómago, eso significa generalmente que no sabemos cómo asimilar las nuevas experiencias: tenemos miedo.

- Las úlceras no son más que miedo, un miedo tremendo de «no servir para». Tenemos miedo de no ser lo que quieren nuestros padres o de no contentar a nuestro jefe. No podemos tragarnos tal como somos, y nos desgarramos las entrañas tratando de complacer a los demás. Por más importante que sea nuestro trabajo, interiormente nuestra autoestima es bajísima, y constantemente nos acecha el miedo de que «nos descubran».

En este punto, la respuesta es el amor. La gente que se aprueba y se ama a sí misma jamás tiene úlceras. Sea dulce y bondadoso con el niño que lleva dentro, y ofrézcale todo el apoyo y estímulo que usted necesitaba cuando era pequeño.

- El colon representa nuestra capacidad de soltar y liberar aquello que ya no necesitamos. Para adaptarse al ritmo perfecto del fluir de la vida, el cuerpo necesita un equilibrio entre ingesta, asimilación y eliminación. Y lo único que bloquea la eliminación de lo viejo son nuestros miedos.

Aunque las personas estreñidas no sean realmente mezquinas, generalmente no confían en que siempre vaya a haber lo suficiente. Se aferran a relaciones antiguas que las hacen sufrir, no se animan a deshacerse de prendas que guardan desde hace años en el armario por temor a necesitarlas algún día, permanecen en un trabajo que las limita o no se permiten jamás ningún placer porque tienen que ahorrar para cuando vengan días malos. ¿Acaso revolvemos la basura de anoche para encontrar la comida de hoy? Aprendamos a confiar en que el proceso de la vida nos traerá siempre lo que necesitemos.
- En la vida, las piernas son lo que nos lleva hacia adelante. Los problemas en las piernas suelen indicar un miedo a avanzar o una renuncia a seguir andando en cierta dirección. Corremos, nos arrastramos, andamos como pisando huevos, se nos aflojan las rodillas, somos patituertos o patizambos y nos quedamos patitiesos. Y además, tenemos los muslos enormes, coléricamente engrosados por la celulitis, llenos de resentimientos infantiles. Con frecuencia, no querer hacer algo produce algún problema menor en las piernas. Las venas varicosas significan que nos mantenemos en un trabajo o en otro lugar que nos enferma. Las venas pierden su capacidad de transportar alegría.

Pregúntese si está marchando en la dirección en que quiere ir.

- Las rodillas, como el cuello, se relacionan con la flexibilidad, sólo que ellas hablan de inclinarse y de ser orgulloso, del yo y de la obstinación. Con frecuencia, cuando avanzamos, nos da miedo inclinarnos y nos ponemos tiesos. Y eso vuelve rígidas las articulaciones. Queremos avanzar, pero no cambiar nuestra manera de ser. Por eso las rodillas tardan tanto en curarse, porque está en juego nuestro yo. El tobillo también es una articulación, pero si se daña puede curarse con bastante rapidez. Las rodillas tardan porque en ellas están en juego nuestro orgullo y nuestra autojustificación.

La próxima vez que tenga algún problema con las rodillas, pregúntese de qué está justificándose, ante qué está negándose a inclinarse. Renuncie a su obstinación y aflójese. La vida es fluencia y movimiento, y para estar cómodos debemos ser flexibles y fluir con ella. Un sauce se dobla y se mece y ondula con el viento, y está siempre lleno de gracia y en armonía con la vida.

- Los accidentes son expresiones de cólera, que indican una acumulación de frustraciones en alguien que no se siente libre para expresarse o para hacerse valer. Indican también rebelión contra la autoridad. Nos enfurecemos tanto que queremos golpear a alguien y, en cambio, los golpeados somos nosotros.

Cuando nos enojamos con nosotros mismos, cuando nos sentimos culpables, cuando tenemos la necesidad de castigarnos, un accidente es una forma estupenda de conseguirlo.

Puede que nos resulte difícil creerlo, pero los accidentes los provocamos nosotros; no somos víctimas desvalidas de un capricho del destino. Un accidente nos permite recurrir a otros para que se compadezcan y nos ayuden al mismo tiempo que curan y atienden nuestras heridas. Con frecuencia también tenemos que hacer reposo en cama, a veces durante largo tiempo, y soportar el dolor.

Fuente: Usted puede sanar su vida – Louise Hay