Un consejo – la vida tiene color del tiempo

Había una vez, una niña que siempre estaba llorando. La mamá la veía y o sabía que hacer o que darle para que no lloraba más.

Le preguntaba el porque siempre estaba así y ella sólo respondía

–         MA! Veo, siento, y pienso siempre lo mismo y no se como hacer para pensar otra cosa. Esto me pone mal y por eso me agarra bronca con migo mismo y me reto, me pego y lloro porque es la única manera que tengo para desahogar ese dolor.

La madre, no sabía que responder a esta situación y ella se acoplaba también a llorar con su hija, pero la diferencia entre ambas, era que una lo hacia por querer aprender a controlarse y la otra porque no sabia como controlar esa situación.

Un día, la nena, cayó al médico, porque tenía mucha fiebre, le delía el pecho y a eso se le agregaba que de a momentos le aparecían manchas rojas por el cuerpo que le picaban mucho y las terminaba lastimando.

Los médicos probaron todo lo que a medicina ortodoxa, le enseño en sus años de carrera y por los estudios que la misma los llevaba constantemente a actualizarse; pero no encontraban la solución.

Es así, que la nena empeoraba y su salud era más notoria como se desmejoraba, hasta que tuvo que quedar internada, con suero y oxígeno para que respirara.

La madre desde afuera la habitación, caminaba encorvada, los ojos rojos de tanto llorar, su ganas de vivir había terminado, al ver que no podía salvar a su hija de la tan inminente, muerte.

Sentada la madre en el pasillo del hospital como todos los días, se le paró de frente un hombre, de figura larga, flaca, vestía de color gris, y su cara no se podía ver… era raro porque no se le podía definir, el color de ojos, la boca, sus cejas y hasta de que color de piel tenía.

La señora se asustó, se paró erguida y lo enfrenta

–         ¿¡que le pasa?!… quien es usted para pararse así frente a mí, ¿se burla por verme llorar y sufrir?

Esta persona, lanza un bostezo, se estira como quien quiere sacarse cosas de encima y dice:

–         Bueno…. Lo que pasa es que todos los días paso por acá, y la veo siempre en la misma situación; llorando y sin saber que hacer con su vida y mucho menos como resolver la vida de su hija; en una palabra “¡me aburrió!

–         Oiga usted?! Se burla de mí, ¡que me está diciendo! ¡está loco o se equivocó de loquero!

–         Hay señora….. le pregunto ¿usted puede ver mis ojos?

–         No

–         ¿Usted puede saber de color es mi piel?

–         No

–         Pero si me está escuchando hablar…

–         Si, y que hay con eso; no entiendo que me dice…. Déjeme en paz , con este palabrerío, tengo que resolver el tema de mi hija y no puedo perder tiempo con personas que se burlan del dolor del otro.

–         Esta bién, la dejo en paz, pero me quedaré sentado a su lado sin decir nada, solo la acompañaré.

–         Si a usted le sobra el tiempo, y lo quiere hacer… ¡hágalo! Me da lo mismo.

Así pasó el tiempo, la niña empeoraba, los médicos le pedían a la señora que autorizara retirar el respirador artificial, ya que la niña no tenía noción de lo que pasaba a su alrededor.

Ella siempre mantenía la esperanza, en que su hija,  en algún momento se levantara de la cama, y comenzara a jugar como todo niño normal, que se riera, que fuera feliz así que su respuesta era — ¡NO!

Mientras paso el tiempo, este señor siempre estuvo a su lado sin emitir una palabra, sin decir nada, solo jugaba con un palo haciendo dibujos imaginarios en el suelo.

Ya la señora cansada de todo, le dijo a este hombre

–         ¡oiga usted!

–         Si?!, me habla a mí?

–         Si usted!, podría dejar de jugar a mi lado que me molesta y me pone nerviosa?

–         Ok. Así lo haré porque usted me lo pide, pero lo mismo seguiré estando a su lado

Este hombre, ahora ya no jugaba con el palito, pero sí encontró un papel, que lo hizo un bollito, formó una pelota y comenzó a patear contra la pared haciendo que valla y venga la misma.

La mujer se ponía roja de bronca, lo veía ir y venir, miles de veces, millones de veces, ya habia perdido la cuenta de cuantas veces lo hacía, porque era constante, minutos, horas, dias, semanas, meses….. hasta que…..

Se levantó la señora, y a los gritos le sacó el bollito de papel, lo tiró al tarro de basura y le dijo.

-Oiga utsted! No le digo más, deje de molestar, llamaré a la policía y lo haré sacar de aca. Me cansó

Partiendo arduamente hacia la cabina de seguridad, la señora habla con el policía, y le dice:

–         en el pasillo, en donde esta mi hija muriéndose, hay un loco que molesta y no se va del lugar, no se como se llama, ni quien es… le pido por favor que lo saque, ya me está volviendo loca!

–         Bien señora, ya lo haré…. Una pregunta. Usted me dijo que era un loco, pero a su vez usted me esta diciendo que la vuelve loca…. ¿no será, usted la loca, que se escapó?

–         Que dice!. Me falta el respeto! Ya le dije está mi hija ahí muriéndose y este señor juega, canta, baila, a veces grita y no nos deja en paz.

–         Señora no lo tome a mal lo que le voy a decir , pero……

En esa sección no hay nadie internado, es una zona que se cerró cuando una niña murió y nunca se supo de que y por las dudas que sea contagioso eso que se mató a la niña, se cerró.

–         ¿¡ como?!…. y usted ¿que se cree que hago yo todos los días, minutos, segundos, meses, y años, cuidando a esa pequeña ahí con el respirador?, esa es mi hija.

–         Señora, vuelvo a decir , la niña de allí, no está más, hace meses y creo que hasta casi 1 año que murió y se cerró el lugar.

No entiendo el porque usted no ve la cinta que cruza diciendo no pasar, no entiendo como no se da cuenta que no hay cama, no hay elementos sanitarios y mucho menos luz en ese lugar…. ¿usted ve que esas cosas que yo digo, no son real?

–         la verdad, creo que usted está peor que el loco que le vine a pedir que saque porque nos molesta. Ahora no entiendo si esto es un hospital o un loquero, todos están perdidos.

El policía comenzó a llamar a los médicos, porque se dio cuenta que la señora era la perdida.

Le inyectaron un medicamento que la hizo dormir, por días.

Cuando despertó, se encontró que no reconocía, el lugar, no sabía en donde estaba y mucho menos el porque estaba allí.

Salió en camisón de la habitación, y se encontró con gente que estaba afuera. Algunas lastimadas otras acompañando; algunas llorando y otras consolando.

Se preguntó ¿que hago yo acá?; y justo en ese momento aparece este hombre, que no tenía ojos y que no se podía ver el color de su piel

–         Buenos días! ¿Cómo amaneció, hoy?

–         Bien, Gracias. Pero ¿quien es usted?, ¿Qué hago yo acá?

–         Te has quedado dormida por mucho tiempo, después de que tu hija muriera.

–         ¿Cómo? … pero…. Si tengo otros hijos, otras personas a quien cuidar, el trabajo, mi estudio, mi vida…..

–         Si! Perdiste todo eso, porque solo te has quedado a cuidar a tu hija enferma.

–         Pero lo quiero recuperar! ¡quiero verlos! ¡quiero que me abracen! ¡quiero que me saquen de aca! ¡quiero ver las flores, el río, el sol, sentir el viento, el frío y que me abrigan los brazos de mi marido.

–         Bueno, pero no hay nadie de ellos, todos partieron, solo te puedo ofrecer mis brazos, mi compañía, mi amistad.

–         Usted, ¿me puede sacar de acá?

–         Sí! Solo es cuestión de firmar unos papeles y listo. ¿pero a donde iría? Usted ya no tiene casa, no tiene nada

–         No importa, quiero salir, quiero ver el sol, quiero sentir todo eso que me pide mi cuerpo, mi corazón, mi cabeza. ¡quiero vivir!!!!!!!!

–         Usted estás viva!, solo que ahora debe aprender a VIVIR, y vivir es aprender a dejar que las cosas pasen solas, sin provocar nada, sin esperar nada. VIVA EL MOMENTO, solo el MOMENTO. No vuelva a ser la prisionera de una enfermedad. ¿usted ve mis ojos? ¿usted ve el color de mi piel?

–         Sí! No estoy ciega, sus ojos son color del tiempo y su piel blanca como la luz.

–         Bien, entonces acuérdese que la vida tiene color del tiempo y será blanco lleno de luz según sus ojos.

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