Los miedos de nuestro niño interior

 
Acabo de recibir, a través de la página del Manantial Caduceo, un extracto del libro, “El amor de tu vida”, de Enriqueta Olivari, precisamente ahora, en la lunación de Aries, el signo que rige la infancia. Nada ocurre al azar. Es importante sanar al niño interior porque si no lo hacemos, nos costará manifestar en nuestro día a día sus cualidades: la inocencia, la transparencia, la espontaneidad, la capacidad de reír, de soñar, de imaginar, de vivir el ahora etc.. En efecto, si su “salud”, en nuestra psique, es precaria, porque se ha sentido maltratado, abandonado o menospreciado, no podrá actuar, no tendrá fuerzas para hacerlo.
 
Existen muchas formas de sanarlo, una de ellas es descodificar una a una las vivencias traumáticas que haya experimentado ese infante, es decir los momentos en que, siendo niños, hemos sufrido. Pero también existe la posibilidad de acudir al programa central y reprogramar. Para hacer un simil, imaginemos que tenemos que sanar un cuerpo lleno de verrugas, una forma de hacerlo podría ser tratarlas una por una o bien ir a la verruga madre –por ejemplo a través de la Alquimia Genética- y acabar con ella, con lo cual todas las demás desaparecerían al mismo tiempo.
 
Éste es el artículo, entre paréntesis, mis comentarios.
 
“Sin importar qué edad tengamos, todos llevamos en nuestro interior a un niño herido.
Ha sido herido por no haber sido amado, o por no haber recibido amor y cuidado del modo que él necesitaba. Uno de los pasos fundamentales para crecer y poder amarnos a nosotros mismos es conocer a nuestro niño interior, y darle ese amor que tanto necesita. (Pero recordemos que elegimos y creamos nuestras propias experiencias, así que no hay culpables).
 
De lo contrario, nos comportamos identificados inconscientemente con él, y esto afecta a nuestras relaciones de pareja, con los colegas de trabajo y amigos. Saber diferenciar a ese niño interno de nuestra faceta adulta es imprescindible, sino esperamos que nuestra pareja o alguien más le cuide, y proyectamos en el otro a nuestro padre o madre. Y esto está destinado al fracaso, puesto que nadie puede darle a ese niño lo que necesita. Es nuestra responsabilidad hacerlo. (Dicho de otra forma si somos un gruyere, esperaremos que el otro rellene nuestros agujeros, y ese otro, a su vez también los tendrá y esperará que nosotros los rellenemos)
 
La mayoría de las veces que sentimos miedo, en realidad quien lo siente es nuestro niño interior. Conocer el origen de esos miedos es el primer gran paso para poder superarlos. El niño interior tiene básicamente cuatro miedos.
 
Uno de ellos es el miedo a enfrentar. Teme que, al hacerlo, sea rechazado. Este miedo lleva a caer en patrones de víctima, o a ser cobarde, tímido, y a sentirse inferior a los demás. Así que si percibes que no te animas a decir lo que quieres, lo que necesitas o lo que te disgusta, en realidad es tu niño interior quien te está limitando. Y si no enfrentas las situaciones desde tu adulto, y callas lo que de verdad necesitas decir, estás creando serias dificultades en tus relaciones personales, y te sentirás impotente e insatisfecho.
 
El miedo al abandono. Esto lleva a sentir celos, a ser posesivo, y a tener la necesidad de manipular. La única manera de superar este temor es garantizarle que tú siempre estarás con él, que le cuidarás y atenderás incondicionalmente, siempre.
 
El miedo a la pérdida que siente el niño nos lleva a sentir una profunda inseguridad. Para ocultar este miedo, nuestro ego se disfraza de lo opuesto, y entonces adoptamos una actitud agresiva, y podemos llegar a ser incluso fanáticos.
 
Y el miedo a la muerte que siente nuestro niño interior se transforma en desconfianza, egoísmo, apegos, fobias e histerias. (A menudo lo que se puede interpretar como miedo a la muerte es el temor de que muera nuestra inocencia, nuestra pureza y transparencia etc..Otras veces el miedo a la muerte traduce el miedo del ego a morir, es decir a que descubramos sus estrategias y lo llevemos a ascender).
 
Al hacernos conscientes de cuál es el origen de nuestros miedos, podemos sanarlos desde la raíz, y para esto es imprescindible establecer una conexión amorosa y profunda con nuestro niño interior. De este modo sanamos las heridas del pasado, y podemos crear para nosotros mismos realidades libres de inseguridades y bloqueos.”

 
 

© Extractos del libro, “El amor de tu vida”, de Enriqueta Olivari

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