Libro: 40 días para Sanar Mente, Alma y Cuerpo (lll Etapa)

III ETAPA- LIBERACIÓN DEL CUERPO

LIBERACIÓN DEL CUERPO
( III Etapa.)
Dia 1 – Yo Soy mi Cuerpo

Estoy entrando, con mucha alegría y paz, en esta tercera etapa de mi desierto místico. En esta fase de diez días limpiaré mi cuerpo de toda enfermedad porque la enfermedad me impide expresarme en el universo como verdadero hijo de Dios.
Yo soy mi cuerpo. Si mi cuerpo está enfermo, yo también estoy enfermo; o, porque yo estoy enfermo, mi cuerpo está enfermo. Dios me imaginó y me creó perfecto, porque en Dios no existe falta de armonía ni imperfección.
Por lo tanto, esta imagen mía actual enferma es la imagen que yo creé y no la que Dios creó. En otras palabras, es una imagen falsa, irreal, inverosímil, no pertenece a mi verdadera identidad.
Quiero liberarme hoy mismo de esta máscara. Quiero oír la palabra de Jesús, que me dice: “Sed perfectos como vuestro Padre es perfecto”.
El Padre, que me creó, es perfecto. El Padre, que está dentro de mí, en las profundidades de mi subconsciente, es perfecto. Si mi mente consciente, mi Yo, está creando enfermedades por medio de pensamientos, emociones, hábitos, creencias y sentimientos negativos, es importante que yo vuelva a ser perfecto, sumergiéndome en la Presencia Infinita, en la imagen verdadera y perfecta del Padre, que está en mi interior.
Sé que sólo una mente sana produce un cuerpo sano, porque el cuerpo es la respuesta de la mente, por eso ahora veo cómo fue bueno y saludable haber limpiado mi mente y mi corazón en las etapas anteriores. Ahora hago una alianza de amor y de armonía con mi cuerpo. Retiro esa máscara que ocultaba mi verdadera imagen y me veo perfecto, sano, fuerte y lleno de vida, como Dios me creó. Soy perfecto como Dios me creó. Mi cuerpo es perfecto como Dios lo creó.
La Luz Infinita creadora ilumina y energetiza todo mi cuerpo. Saludo, aquí con alegría, mi verdadera Realidad.
Nuevas energías recorren todo mi ser porque la Fuerza Divina ya se está manifestando en mí y yo me estoy aproximando a mi verdadera imagen física, trazada por Dios, con absoluta perfección y con el más sofisticado arte. Yo soy perfecto porque, en mi mente, me veo perfecto. Mi mente creó el cuerpo, como también las modificaciones negativas del cuerpo.
Mi mente ahora por la energía infinita de Dios, inmanente en el subconsciente, está recreando mi cuerpo y colocándolo en su legítimo modelo original. Contemplo con alegría y entusiasmo mi cuerpo perfecto. Sí, mi cuerpo perfecto. Perfecto.

Día 2 – Dios no me mando la enfermedad

En este día quiero eliminar de mi mente algunos equívocos que impiden mi curación. El primer equívoco es mi creencia de que Dios me mandó la enfermedad. Dios es mi Padre. ¿Qué padre, en este mundo, sentiría placer en mandar un cáncer o una ceguera a su hijo? Por el contrario, veo padres gastando lo que tienen y lo que no tienen para liberar a los hijos de cualquier problema de salud.
“Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a
vuestros hijos, cuánto más vuestro Padre que está en los Cielos no dará cosas buenas a los que las pidieren.” (Mt.7, 7-12.) Jesús ya enseñaba esto hace dos mil años. El padre celestial está en mi interior. Mi espíritu es, en su origen, espíritu santo.
Cuando yo huí de la presencia de mi espíritu santo, huí de la salud.
Es que yo fuí el Caín de mí mismo, y no Dios. Necesito creer que Dios no manda enfermedades ni para mí ni para nadie. Este es el absurdo de los absurdos.
Aun porque si fuese Dios quien me mandara la enfermedad para expiar mis pecados, sería ir contra Dios buscar un médico o un remedio para curarme. Tendría que dejar que la enfermedad continuase de acuerdo con los designios de Dios, sin desviarla de su curso normal. Percibí la contradicción. Mis errores y pecados no ofenden a Dios, porque si Dios pudiese ser ofendido, no sería Dios. Mis errores y pecados me
ofenden a mí mismo y atentan contra la perfección que está en mí. En este caso si, yo podría decir que mis errores y pecados atentan contra Dios en mí. “Sed perfectos como vuestro Padre es perfecto.”
Me vuelvo ahora hacia Dios en mí mismo, hacia la Presencia Infinita, hacia el Padre que desea dar a mi mente y a mi cuerpo el espíritu de la perfección. “El Espíritu es fuerte”. Mi Espíritu está volviendo, por la acción divina, mi cuerpo fuerte, perfecto y sano. Mi cuerpo está siendo recreado y la energía infinita está produciendo la renovación y la revitalización de todas las células del cuerpo. Me concentro en esta Verdad.
Visualizo la Luz Infinita proyectándose en todo mi cuerpo,
principalmente en las partes más oscuras y enfermas. La Luz Divina está curándome. Curándome. Curándome.

Día 3 – Dios no Castiga

En este tercer día de desierto místico entro en los caminos de mi cuerpo. Necesito limpiar todos los canales que impiden mi curación.
Un canal que está obstruyendo el flujo curativo es la idea que yo tengo de que Dios me castiga, por mis errores y pecados, a través de enfermedades. Si yo creo que debo soportar las enfermedades como castigo de Dios, estoy, con ello, cerrando los canales a la curación. Todo mi ser clama por la salud, pero mi mente proclama la enfermedad, porque la entiende como acción divina que castiga mis males.
Pero si fuese verdad que Dios me manda enfermedades para que yo expíe mis errores y pecados, no debería buscar los recursos de la medicina porque, entonces, estaría yendo contra Dios…
Por otra parte, si las enfermedades fuesen castigo de Dios, habría una contradicción y un conflicto entre Dios, que manda la lepra, la ceguera, la mudez, la parálisis, y Jesús que, por el poder de Dios, curó esas mismas enfermedades y tantas otras, según lo relatan los evangelios. ¿Entonces, Dios me castiga? ¿Por qué? ¿Cuál es su intención? ¿Creo yo que mi pecado irrita, entristece y modifica algo en Dios? Si eso fuese posible, Dios no podría ser feliz, por causa de los pecados de la humanidad. En consecuencia, no sería Dios. En realidad, mi pecado jamás alcanza a Dios. Hasta sería una pretensión…Mi pecado, mi error, mi negativismo me alcanza a mí mismo, por la simple razón de que toda acción produce una reacción.
Esta es la Ley del Retorno.
Mi enfermedad no es castigo, y sí el resultado de mi acción
negativa. Como dice el Maestro: “Todo árbol bueno produce buenos frutos; todo árbol malo produce frutos malos”. Mi mente positiva produce frutos positivos en mí; mi mente negativa produce resultados negativos en mí. He aquí la causa de las enfermedades. Todo simple como el amanecer, todo claro como la luz del sol. En lugar de aplacar a Dios, me corresponde aplacar hoy mi mente negativa causante de las
enfermedades. Elimino definitivamente de mí todo complejo de culpa.
Complejo y sentimiento de culpa no son nada más que pensamientos negativos y nefastos. Para facilitar la desobstrucción de ese canal de curación, ahora me perdono a mí mismo por última vez, por todos los errores y males del pasado. Perdonar significa renunciar, por eso sé que, para sentirme perdonado, debo renunciar a toda imagen de mis
errores, debo expulsar para siempre todo recuerdo negativo y
perturbador de los males pasados. Esto es lo que viene causando tensiones y perturbaciones en mi cuerpo.
También perdono a los otros porque, si no perdono, estaré dejando cerrados otros canales de curación y creando más enfermedades. Uso la palabra perdonar como proceso de limpieza. Es como una energía luminosa que abre todos los canales de la salud, permitiendo que el flujo vital recorra con intensidad todos los átomos y células de mi cuerpo. Ahora me siento más aliviado y mi cuerpo menos tenso. La salud comienza a manifestarse más rápidamente. Ya me siento más
dispuesto. Mi alegría interior está iluminando mi cuerpo. Tengo la seguridad, en este momento, de que Dios quiere mi salud tanto como yo. Nuestras fuerzas están unidas y la victoria es infalible. Antes yo estaba impidiendo la acción curativa divina por mi creencia equivocada. Ahora siento que el milagro divino ya se está produciendo en mi cuerpo. Ya se está produciendo. Ya se está produciendo.

Día 4 – Hoy Elimino la causa de la enfermedad

Continúo, en este día, caminando por el sendero de la salud física.
Este desierto espiritual y místico me permite entrar en contacto con la Sabiduría Infinita de mi interior, con el Padre que opera en mí.
Sea yo culto o no, sé que existe una Sabiduría Infinita dentro de mí, que se manifiesta más claramente en la medida en que entro en estado de oración.
Me estoy sumergiendo más y más dentro de la inmensidad de mí ser. La complejidad comienza a deshacerse y todo se está volviendo simple.
Me pongo a meditar. Si Dios no causa mi enfermedad; si Dios no castiga a nadie; si mi cuerpo por ser energía inferior no puede actuar por sí mismo, entonces deduzco que la causa de mi enfermedad está en mi mente.
Por la situación de mis experiencias veo que es así: percibo que mis pensamientos depresivos me quitan las fuerzas y me abaten físicamente; noto que mi rabia produce alteraciones en mi cuerpo; verifico que mis penas producen malestar físico; siento que los miedos se traducen en tensiones físicas; observo que las preocupaciones crean úlceras, hipertensión, infartos y otras enfermedades; veo que el conflicto entre mis deseos y la realidad tensiona los nervios; observo que pensamientos angustiantes me aprietan la garganta y producen males físicos; descubro que la cólera puede producir graves lesiones físicas; y así sucesivamente,
sucesivamente, sucesivamente…
No es sin razón que se dice que las enfermedades son provocadas por pensamientos negativos, por sentimientos negativos, por emociones negativas, por deseos negativos, por creencias negativas, por imaginaciones negativas, por hábitos negativos y por la influencia de ambientes negativos en mi mente.
Imagino una selva verde, bonita, florida, exuberante, en un día de sol. Es una selva saludable. Imagino ahora esta selva azotada por un viento violento: árboles que se caen, flores que se despedazan, troncos que se parten, la tierra que se abre, raíces que cambian de lugar, en fin, una calamidad general.
Mi cuerpo es la selva más linda y perfecta, si puedo hacer tal
comparación. Pero esta selva maravillosa se convierte en una
calamidad cuando es azotada permanentemente por los vientos de mis pensamientos negativos. Este es un paso por demás importante en el camino de mi salud: limpio ahora total y definitivamente mi mente de toda especie de negativismo.
Sé que Dios está en mí, por eso la Fuerza y el Poder Infinito están en mí y siempre atienden mi pensamiento. No tengo más motivos de preocupación ni de perturbación. Soy positivo, positivo, positivo.
Soy alegre, optimista, tranquilo, bondadoso, feliz, seguro de mí, valeroso, lleno de confianza, imperturbable, exitoso y positivo, positivo, positivo.
Es que abrí todos los canales de la curación. La fusión de las
energías positivas mentales con las energías físicas existentes aún
en mí y reactivadas por los remedios está creando rápidamente mi
salud total. Yo siento, desde ya, este flujo vital.
¡Qué bien me estoy sintiendo! Estoy sintiéndome bien.

¡Estoy sientiéndome bien!
Día 5 – Sangre saludable.

Hoy me vuelvo nuevamente hacia mi cuerpo. Mi cuerpo es mi expresión exterior, es mi identificación en el universo, por eso deseo que él sea la expresión de la armonía universal. Comienzo ahora a recorrer la corriente vital que energética todo mi cuerpo a través de mi sangre.
Yo te bendigo, sangre de la vida! Yo te ilumino, sangre bienhechora!
La luz infinita de la Vida está iluminando ahora mi sangre.
Visualizo mi sangre toda iluminada de un rojo vivo…
Visualizo mi sangre rejuvenecida, fuerte, saludable…
Mis arterias son maravillosos canales de luz intensamente roja.
Es mi sangre revitalizada con cinco millones de glóbulos rojos y cinco mil glóbulos blancos por milímetro cúbico de sangre. Mi laboratorio mental está calculando doscientas mil plaquetas por milímetro cúbico de sangre.
Mi sangre ahora está perfecta, revitalizada, fuerte, energetizada.
Todo perfecto. La vida fluye a través de mi sangre renovada. Todas las toxinas, impurezas, infecciones, virus y bacterias indeseables están siendo expulsadas por mi sangre, que actúa impulsada por la Fuerza Infinita.
La Energía Creadora de Dios está encendiendo mi sangre y ella continúa iluminando, limpiando, calentando, defendiendo, protegiendo, renovando, recreando y produciendo el milagro divino de mi salud total. ¡Sangre bendita, canal de la Vida Infinita en mi cuerpo, eres
fuerte, eres pura, eres saludable, eres energía, eres poder! ¡Sangre bendita, eres el árbol de la vida en mí!
¡Sangre bendita, eres el río divino que baña el paraíso terrestre de mi cuerpo! ¡Sangre bendita, eres la corriente vital que trae a mi cuerpo todas las energías benéficas del universo! ¡Sangre bendita, eres el milagro renovador de mi vida física!

Día 6 – Mis órganos son perfectos

Comienzo ahora una aventura emocionante, pues recorreré los caminos de todos mis órganos y contemplaré la maravilla divina en cada uno.
Si algún órgano estuviere enfermo, trataré de curarlo ahora mismo, para que también en él yo pueda ver la estupenda ingeniería divina.
Si yo no creyese en Dios, bastaría contemplar la extraordinaria armonía, energía e inteligencia que existe en los cerca de quince billones de células electromagnéticas que forman mi cerebro… Mis órganos son la propia expresión de Dios. El Creador los hizo perfectos, por eso los desea perfectos, funcionando en el justo y recto orden divino. Atraigo ahora un inmenso destello de Luz Infinita, que surge de Dios y del universo y que cae sobre cada
órgano de mi cuerpo…
Pido perdón a los órganos enfermos por las violencias que practiqué contra ellos. También perdono a cada órgano por haber salido de su verdadera órbita, perjudicándome.
Ahora abro todos los canales para que la Luz Infinita Curadora caiga
sobre cada órgano de mi cuerpo: el cerebro… los ojos… los
oídos… el rostro… la nariz… la boca… la lengua… los
dientes… las encías… la garganta… el cuello… los pulmones…
el corazón… el estómago… el duodeno… el hígado… los riñones… el bazo… el páncreas… la uretra… el uréter… la próstata… la vejiga… la vesícula… el esófago… los intestinos… la columna vertebral… los senos… los ovarios… las trompas… el útero… los órganos sexuales… las caderas… los muslos… las rodillas… las piernas… los pies… los hombros… los brazos… las manos… Ahora proyecto la Luz Curadora Divina sobre el órgano más necesitado.
(Permanezco tres minutos en irradicación.) A partir de este instante contemplo la perfección divina en mí. Mi salud es perfecta. Mis órganos funcionan maravillosamente bien. “¡Me siento feliz!” Bendigo la maravilla divina de mis órganos. Bendigo cada órgano y entro en comunión de salud, alegría y vitalidad con cada uno de ellos. Todos los órganos son ahora una familia unida que se entiende perfectamente. Gracias. ¡Gracias!

Día 7 – Huesos Perfectos

En este día, me dedico aún a la salud física. Calmo mi mente y comienzo a penetrar en el interior de mi cuerpo. Veo mi sangre iluminada y perfecta. Veo todos los órganos funcionando en armonía, en una sincronía tan bonita como el más perfecto de los relojes. Veo algunos huesos estropeados y pido perdón. Veo algunas articulaciones en estado un tanto precario y pido perdón. Veo todo mi esqueleto iluminado con la luz blanca de la transparencia espiritual. Es la energía infinita de Dios que se proyecta en todos los huesos de mi
cuerpo.
Todas las enfermedades óseas, quebraduras, debilitamiento, defectos, se están diluyendo, porque ahora la luz blanca infinita de Dios está purificando iluminando, rehaciendo, moldeando, reforzando, ligando, ajustando, limpiando, rejuveneciendo cada hueso de mi cuerpo. Mi cuerpo es obra de Dios. Mis huesos son los fundamentos de mi cuerpo,
por lo tanto los quiero fuertes y perfectos. Dios, que es la Vida en mí, también los quiere de esa manera, para que su obra sea perfecta y admirada en mí.
Siento, desde ya, el milagro de la salud en los huesos. Los veo
perfectos y resplandeciendo con una luz blanca de energía infinita.
¡Qué maravilla! ¡Estoy feliz! Y muy agradecido. Porque ahora puedo caminar, correr, acostarme, sentarme, mover todo el cuerpo y cada parte del cuerpo.
Es la acción divina del Poder Infinito de Dios en mí. Durante todos los días anteriores abrí los canales de la curación, por eso ahora todo sucede en forma simple, tan simple como lo es la luz del sol que fortalece y vivifica las plantas.
Bendigo mis huesos. ¡Y entro en comunión con la perfección infinita en mis huesos!

Día 8 – Nervios, Músculos, Piel

Continúo hoy la caminata de mi perfección física. Dejo que mi mente descanse, se calme. La paz de los lagos de las montañas me invade y yo siento un profundo bienestar. Deseo ahora que mi mente absorba todos los átomos de mi ser. Me siento como una antorcha de luz que va recorriendo el interior de mi cuerpo para revitalizar y calmar los nervios, rehacer los músculos y recrear la piel en el orden divino,
recto y justo.
La Luz Infinita ilumina todos mis nervios, que se están soltando, liberando y tranquilizando. Pido perdón a mis nervios por tantas agitaciones y tensiones que provoqué hasta aquí, y perdono a los nervios por haberme hecho una persona tan nerviosa. Ahora estamos en comunión de amor y de buen entendimiento. Yo necesito de ustedes, nervios, y ustedes necesitan de mí: estamos, por lo tanto, unidos, muy unidos, en una dulce paz. Proyecto una vez más la luz recreadora
divina sobre los nervios y los veo perfectos, distendidos,
saludables y tranquilos.
Hago ahora una visita a los músculos, esta familia tan importante para mi cuerpo. Ilumino, con la luz de la energía infinita, todos mis músculos, que a partir de este instante se están volviendo fuertes, sanos y firmes. Voy ahora hacia el exterior de mi cuerpo y penetro en cada átomo de mi piel. Sé que mis emociones negativas, que mis complejos y traumas, que mis imaginaciones negativas y que mis miedos te perjudicaron, piel, creando manchas, marcas, arrugas,
alergias y problemas. Pero aquí estoy para que hagamos las paces, perdonar y olvidar el pasado.
Deseo que la Luz Creadora de Dios ilumine intensamente toda la piel, tan intensamente que todo lo que no sea perfecto se aleje rápidamente o se deshaga en este instante. Veo mi piel iluminada por la Luz Infinita. Mi piel está límpida, purificada, perfecta, completa, rehecha, suave y rejuvenecida.
La Luz Divina está lavando divinamente toda la piel. Lavando
divinamente. ¡Qué bien me siento! ¡Qué bien me siento!

Día 9 – Glándulas Perfectas

Hoy mi caminata por el interior del cuerpo se va a detener en las glándulas para conducirlas a la armonía y perfección. Aquieto la mente… Descanso el espíritu… Y dejo que mi cuerpo se abra para que yo pueda recorrer las glándulas e iluminarlas con la Luz Infinita de la vitalidad.
Sé que las glándulas son importantes. Sé que son sensibles y fabrican hormonas, secreciones y productos que se destinan al funcionamiento equilibrado y sano de todo mi cuerpo… Les pido perdón, glándulas, por las veces en que las llevé a producir sustancias indeseables en momentos indeseables… Mi mente negativa perturbó el buen funcionamiento de ustedes.
Pero ahora la Luz Divina está iluminando las glándulas salivales, las glándulas lacrimales, las glándulas sebáceas, las glándulas sudoríparas y las glándulas de las paredes internas del estómago…
Continúo recorriendo mi cuerpo e irradio salud y vitalidad a la hipófisis en el centro de mi cráneo. Visualizo esa glándula, del tamaño de una lenteja, toda iluminad, y los rayos de
energía divina se expanden desde la hipófisis hacia todo el cuerpo.
Derramo energía infinita sobre la tiroides, en el cuello, y la
tiroxina que mi tiroides está produciendo, en dosis justas,
restablece mi salud perfecta. Ilumino las paratiroides que están en el lado interno de la tiroides, y esas glándulas están actuando correctamente en mi beneficio. La energía divina está vitalizando las glándulas suprarrenales situadas sobre los riñones, y la producción perfecta de adrenalina está regulando divinamente todo mi sistema nervioso simpático.
La Luz Infinita se derrama sobre los testículos (ovarios) y la
perfección se manifiesta en estos centros vitales. Ahora me dirijo hacia las glándulas mixtas y bendigo mi páncreas. Bendigo este laboratorio divino que está produciendo la insulina correctamente.
El azúcar está equilibrado en mi sangre y me estoy sintiendo cada vez mejor. También bendigo mi hígado. Ahora mi hígado está pleno de energía y funciona en el orden divino, recto y justo.
Ahora veo todas las glándulas en perfecto estado, controlando mi salud, equilibrando el funcionamiento general de mi cuerpo y estableciendo el orden en todos los órganos. ¡Glándulas queridas, maravillas de Dios, reciban la Luz Infinita que las revitaliza! De ahora en adelante trabajaremos juntos, en paz, con salud, en armonía. Nuestra acción es positiva. Sé que ustedes son mis amigas leales y correctas y las bendigo cada día de todo corazón. De todo corazón.

Día 10 – Cuerpo Perfecto

En esta última jornada de la tercera etapa de mi desierto místico caminaré feliz por todos los caminos de mi cuerpo, viendo en ellos solamente la Presencia Infinita y la perfección del Creador. Jamás puedo suponer que yo haya sido creado con defectos, porque en Dios no existe incapacidad.
El Poder Creador, que realizó la maravilla de la constelación
estelar, que produjo la maravilla de las plantas y que estableció la maravilla del orden universal, no podría fallar precisamente en el momento en el que iría a crear la obra prima de la creación, el ser de su propia especie divina, de su verdadera imagen y semejanza.
Sería inconcebible que justamente un ser de la estirpe de Dios fuese creado con defectos, enfermedades y fallas, como sucede en las industrias de muñecas.
Las fallas y enfermedades son humanas y no están en el proyecto divino. Entonces, como hijo de Dios, me considero perfecto en el cuerpo y en la mente y veo cualquier enfermedad o defecto como una máscara, que no pertenece a la esencia de mi verdadero yo.
Veo todo mi cuerpo accionado por la energía infinita. Veo todo mi ser inserto en la perfección divina. En nombre del Creador, determino la perfección en mi cuerpo y contemplo en él la manifestación material de Dios. Yo soy perfecto. Mi cuerpo es perfecto. La salud habita en mí y permanece en mí, porque eliminé las causas de la enfermedad.

Yo soy perfecto. Yo soy perfecto. ¡Perfecto!

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