LA MADUREZ

 

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Madurez significa lo mismo que inocencia, pero con una diferencia: es recuperar la inocencia, es volverte un niño.
Todos los niños son inocentes al nacer, pero las sociedades los educan, los corrompen.
Todas las culturas se basan en aprovecharse de la inocencia del niño, en explotar al niño, hacerle esclavo, condicionarle para sus propios propósitos, para sus propios fines: políticos, sociales, ideológicos.
Los intereses creados deciden esos propósitos.

En cuanto el niño empieza a formar parte de la sociedad, comienza a perder algo muy valioso, el contacto con Dios.
Cada vez está más obsesionado con la cabeza y se olvida del corazón. Y el corazón es el puente que te conduce a tu ser. Sin el corazón no podrás alcanzar a tu ser.
Desde la cabeza hasta el ser no hay un camino directo, tienes que pasar por el corazón.
La persona que es capaz de amar, llegará a descubrir su ser. Y todo aquél que ha descubierto su ser, se libera de las estructuras, las ataduras, los moldes, y es libertad pura.

Madurez significa recuperar la inocencia. Un niño está destinado a ser corrompido, pero cuando recuperas tu inocencia, te vuelves incorruptible. Ahora ya eres lo bastante inteligente, ya sabes lo que te ha hecho la sociedad, estás atento y alerta y no vas a permitir que suceda otra vez.

La madurez es volver a nacer, pero un nacimiento espiritual. Empiezas a ver la existencia con nuevos ojos. Te diriges a la vida con amor en el corazón. Vas hasta el fondo de tu ser con silencio e inocencia.
Ya no eres sólo la cabeza. Usas la cabeza, pero primero vas al corazón.
Ir más allá de los pensamientos y convertirte puramente en ser, es madurez.

La madurez es el florecimiento absoluto de la meditación.
Jesús dijo: “A menos que vuelvas a nacer, no entrarás en el reino de Dios”.
A menos que te vuelvas como un niño, no entrarás en el reino de los cielos.
Para recuperar la verdadera juventud, la inocencia, antes tienes que perderla.
La vida es una paradoja, pero es de esta manera como se toma conciencia.
El pez no sabe dónde está el océano, a menos que lo saques del agua. Entonces anhela volver al agua. Ha salido del mar y ha visto el sufrimiento. Entonces es cuando toma conciencia del océano.Lo mismo ocurre con la inocencia, tienes que perderla para tomar conciencia y volver a recuperarla.

Hay una gran diferencia entre madurez y envejecer.
Envejecer no significa madurar. El envejecimiento pertenece al cuerpo. Todo el mundo envejece, es algo que sucede físicamente, pero no todo el mundo se vuelve maduro.
La madurez es un crecimiento interior, es algo que surge de la conciencia.
Experiencia más conciencia es madurez.
Cuando prestas atención a lo que está sucediendo, estás siendo consciente de ello, estás aprendiendo de ello, estás madurando.

Muchas personas no prestan atención a las cosas que les están sucediendo, están ausentes, inconscientes. Experimentan pero no son conscientes, entonces no aprenden nada, no crecen, no maduran.
Cuando eres consciente de tus experiencias, de todo lo que hagas, de todo lo que te suceda, estarás alerta, atento, despierto, consciente, estarás intentando comprender su significado, estarás intentando llegar hasta el fondo de lo que te ha sucedido.
Una persona madura nunca vuelve a cometer los mismos errores, porque habrá aprendido.

Si vives una sola vez una experiencia de enfado, de ira, con totalidad y conciencia, nunca te volverás a enfadar. Bastará una sola vez para enseñarte que es absurdo estar enfadado, es ridículo, pues te haces daño a ti mismo y a los demás para nada.
No vale la pena enfadarse, ¿para qué estar enojado?
Entonces estarás madurando.
Mañana se puede repetir la situación pero no se repetirá el enfado.
Y la persona que está madurando, no decide que no se va a volver a enfadar, un hombre maduro nunca decide el futuro, la propia madurez se ocupa de ello, pues el mañana es la consecuencia del presente.
Si vives con conciencia, te haces maduro, sino, simplemente te haces viejo. Y hacerse viejo no es volverse sabio.
¿Por qué la mayoría de las personas están dormidas?

Porque no son conscientes. Cuando te haces consciente, sufres, porque te haces consciente del dolor.
Un ser despierto, es consciente tanto de la dicha como del dolor.
En la vida todo es dualidad, no puede haber felicidad sin sufrimiento. Y un ser despierto, es consciente tanto de la dicha como del sufrimiento. Por eso muchas personas insisten en seguir dormidas, para no sentir más sufrimiento.
La vida es placer y sufrimiento, la vida es felicidad e infelicidad, la vida es día y noche, la vida es vida y muerte. Tienes que ser consciente de ambas, no puedes ser consciente sólo de una cosa y de la otra no. O eres consciente de las dos, o estás dormido, estás muerto.

Un ser despierto es enormemente sensible, y ser sensible hace sufrir. Pero él sabe trascender el sufrimiento, sabe comprenderlo, sabe mantenerse al margen, es como una nube que pasa a su alrededor, él observa como un espectador.

Si tienes miedo al dolor, no te puedes volver consciente, y así no puedes aprender nada.
No tengas miedo al dolor, de lo contrario, vivirás anestesiado.
Tienes que hacerle frente al dolor, ir a través del sufrimiento, no puedes evitarlo, pues sólo cuando has conocido y experimentado el sufrimiento, podrás trascenderlo.

La vida es dualidad, es un movimiento entre opuestos. No puedes ser feliz para siempre, no puedes estar en armonía para siempre, de lo contrario no serías consciente de la felicidad, de la armonía.
A la armonía le tiene que suceder la discordia una y otra vez, y a la felicidad le tiene que suceder la infelicidad.
Acepta la totalidad, con sus éxtasis y sus agonías. No desees que sólo haya éxtasis, esto es imposible. El éxtasis no puede existir solo, necesita su contrario.

Sólo siendo consciente de la agonía, podrás ser consciente del éxtasis.
Es como el cielo lleno de estrellas; durante la noche oscura puedes ver las estrellas, en cambio durante el día, las estrellas no se ven.
Si la vida fuera eterna, si no existiera la muerte, entonces podrías esperar hasta mañana, entonces ¿quién viviría aquí y ahora?

La persona que es capaz de permanecer inalterable, en silencio, aceptando el dolor, la frustración y el sufrimiento, transforma la cualidad misma del sufrimiento. Venga lo que venga, permanecerá inalterado, aceptándolo. Es el sabor de la libertad, del no aferrarse a nada, el sabor del no apego.
Y cuando no te apegas a nada, ves en la muerte una gran belleza, porque la muerte no es el final, sino el principio de algo desconocido.
¿Cuáles son las características de una persona madura?

La persona madura es parecida a un niño, simple e inocente.
La madurez no tiene nada que ver con tus experiencias vitales, tiene que ver con tu viaje interior. Cuanto más profundizas en ti mismo, más maduro eres.
Desaparece la persona y sólo queda la presencia. Desaparece el conocimiento y sólo queda la inocencia.
La madurez es una forma de realización, es florecer. La semilla ha realizado un largo viaje y ha florecido.
La madurez le da a la persona inteligencia, belleza, amor.
La madurez no te volverá como una piedra; te hará vulnerable, sensible, sencillo, delicado, lleno de amor.
Madurez significa que has llegado a casa. Ya no eres un niño que tiene que crecer, has crecido, has llegado al máximo de tu potencial.
Dejas de ser y eres. Ya no eres tus ideas, tus fantasías, tu vieja comprensión de ti mismo, todo eso se ha ido. Ahora, surge algo nuevo en ti, algo virgen, que transforma toda tu vida en alegría. Te has vuelto un extraño para el mundo de la infelicidad, ya no provocas infelicidad en ti mismo o en los demás. Vives tu vida con total libertad, sin tener en cuenta lo que digan los demás.

Las personas que siempre están teniendo en cuenta a los demás y sus opiniones, son inmaduras. Dependen de las opiniones de los otros, no pueden hacer nada con totalidad, con honestidad, no pueden decir lo que quieren decir, dicen lo que los demás quieren oír.

La persona madura se centra únicamente en su propia presencia, toma conciencia de cada situación que experimenta y aprende, crece, avanza espiritualmente.
No le importa lo que digan los demás, es suficientemente maduro y seguro de si mismo. Todas sus acciones las hace con amor, pues es sensible, vulnerable, sencillo y silencioso.

Osho

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