ESTADOS DE ENERGÍA

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Los estados de baja energía

En los estados de baja energía, que es como llamaremos de hoy en adelante a esos estados negativos del ser, llámense depresiones, angustias, nervios, temores o cualquier otro similar; en los estados de baja energía, las personas se convierten, literalmente hablando, en pozos por donde se fugan una cantidad de energías considerables; las personas a su alrededor sienten un desgaste energético por la simple interacción con las personas que se encuentran en estados bajos de energía.

Los estados de alta energía

Por el contrario, en los estados de alta energía que llamaremos positivos, tales como la felicidad, el optimismo, el amor, la comprensión o la unidad con el universo, en estos estados de alta energía, la persona se convierte en un donante, y aquellas otras que se encuentran a su alrededor, son beneficiarias y depositarias de esa energía que esas personas están acumulando y generando.

Repercusión de la calidad de la energía

Observen ahora la diferencia en sus relaciones humanas, todo el mundo rehuirá a las personas con bajas energías, porque es enormemente desgastante convivir con una de ellas; en cambio, aquellas otras que son donantes de energía, que rebosan y distribuyen su energía indiscriminadamente a su alrededor, son personas que serán buscadas y nunca les faltará amistades para relacionarse. Los estados de alta energía son los deseables, son aquellos estados a los que aspiramos llegar, porque producen inmediatamente beneficios para todos los que los rodean, mientras que los estados de baja energía, sólo producen conflictos, problemas e interrupciones en las relaciones armónicas con seres humanos.

Quisiera comentar que más adelante y dentro de las pláticas que mis Hermanos JESUS e HILARION les han venido dando acerca de las relaciones humanas, estos conceptos de estados de mínima o de baja energía y estados de máxima o alta energía, serán detalladamente estudiados y observarán la enorme importancia que tienen para establecer las correctas relaciones humanas.

Nada del pasado ni del futuro pueden lastimarme, sólo el presente tiene valor para mí

Regresando al principio que en nuestro decálogo ocupaba el cuarto lugar, y que afirma que nada del pasado ni del futuro pueden lastimarme y que sólo el presente tiene valor para mí, analicemos esta afirmación desde el punto de vista de los estados de alta y baja energía:

La felicidad se obtiene en el presente: aquí y ahora

En principio, la persona que se preocupa por cosas que ya pasaron y acerca de las cuales nada puede hacer, observaremos que mentalmente se encuentra ligada a un pasado que la lastima; los recuerdos son regiones de la mente que desgastan la energía que tenemos disponible para vivir el presente. Por otra parte, las angustias ocasionadas por hechos que todavía no acontecen, que se encuentran en un futuro, ya sea próximo o lejano, son también zonas de la mente que desgastan energéticamente a la persona; una persona que modifica sus estados de ánimo, simplemente por mantener activada esa zona de su mente que tiene que ver con su pasado o su futuro, gasta toda la energía que tiene disponible para trabajar en su presente y la imposibilita a actuar adecuadamente; la persona que piensa en el pasado o en el futuro se inmoviliza en el presente, se queda estática, mientras su mente viaja a regiones inútiles de su existencia. Es preciso entender que la felicidad no puede ser obtenida ni en el pasado ni en el futuro, es preciso entender que esas son zonas que únicamente afectan negativamente a la persona; aun cuando ésta se refugiara en aquellos recuerdos que le proporcionan gratos momentos, o bien fabricando castillos o ilusiones en el futuro y le dan una cierta tranquilidad en su conciencia, entendamos, que tanto uno como el otro, son aspectos en los que se gasta energía, energía que está disponible para vivir el momento presente.

La sana programación del futuro

Quisiera aquí hacer una distinción en lo que se refiere a construir castillos de naipes para un futuro ilusorio y construir una meta racionalmente lógica y emocionalmente aceptable hacia la cual la persona pretende dirigir sus pasos; en este segundo caso, la construcción se hace como una estrategia para orientar la vida de las personas, y en estos casos, esa energía está bien empleada. Sin embargo, si la persona construye sus castillos y no trabaja en su presente para hacer realidad esos deseos, la energía que ha gastado construyéndolos es energía perdida, energía inútil.

Las metas del discípulo.

Todo estudiante de la enseñanza espiritual debe tener perfectamente delineado su futuro y en este proceso se gasta energía; pero el futuro no es una nube en un cielo imaginario, las metas que se construyen por los discípulos se encuentran al final de un camino, un camino que ha sido trazado cuidadosamente por el propio discípulo; el castillo se encuentra al final del camino, pero los pies del discípulo se encuentran ya en algún punto de este camino, su sendero lo va llevando hacia la meta que ha fijado, y, en este caso, la energía que se gaste decidiendo cada vez más claramente el castillo y el camino, es una energía bien empleada que fortalece la disposición, la voluntad y el deseo de poder llegar hasta él y hacer realidad un sueño espiritual. Igualmente, el recordar hechos pasados dolorosos y no adquirir ningún tipo de enseñanza, es totalmente inútil e inaceptable.

El valioso aprendizaje de lo ocurrido en el pasado

Por otra parte, hacer una cuidadosa valoración de las experiencias pasadas para extraer de ellas las lecciones que podamos emplear en el presente, es, sin duda, una gran inversión de sus energías. Este estudio debe ser sistemático y con un propósito; no es el hecho de estar rumiando experiencias dolorosas con el objeto de alimentar una idea negativa acerca de sí mismo o fortalecer la posición de mártir que muchas veces la persona utiliza en sus relaciones humanas, no es eso lo que se busca, sino más bien, una revisión de las experiencias acumuladas a la luz de los conocimientos que se tienen. Bajo esta perspectiva, nuestras propias experiencias se convierten en libros abiertos sobre los cuales se aprenden las más valiosas lecciones; son las piedras con las cuales construiremos ese camino hacia el futuro, son escalones que nos llevarán de la mano hacia las cumbres de nuestra realización personal.

La acción en el presente. La unidad de propósito. La alineación total

Así pues, ni el pasado ni el futuro pueden lastimarnos, sólo el presente tiene valor, porque el presente es lo que me permite caminar; de nada valdrán las más perfectas visualizaciones y las más sofisticadas prácticas metafísicas si el estudiante es incapaz de dar el primer paso, la acción es la primera etapa del camino. En el momento en que el estudiante pone su pie en un sendero que él mismo ha definido, en ese momento sus cuerpos se alínean; el propósito espiritual que dirige sus pasos se encuentra alineado con el cuerpo físico formando una unidad con todos los cuerpos intermedios, es la voluntad actuando en el mundo tridimensional, esa es la gran conquista de los iniciados, la gran conquista de cada uno de los discípulos espirituales. Que estas palabras sirvan para fortalecer en cada uno de ustedes, el deseo que tiene de empezar a caminar firmemente en su propio sendero espiritual.

– Kwan Yin –

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