TODO ESTA VIVO

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No sólo todo está vivo, también está cambiando, ninguna forma es permanente, todo crece, se mantiene, se marchita, se transforma en otra cosa. Los objetos que nos rodean establecen, a su manera, lazos con nosotros. Estos lazos nos ayudan a crecer, a mantenernos vivos, y luego a marchitarnos en forma equilibrada para dar paso a una nueva forma de vida. Si se comportan así, son positivos, pero si insisten en permanecer sin aceptar cambios, son nefastos. Crecer y sólo crecer, tratando de nunca dejar de desarrollarse, conduce a catástrofes. Mantenerse en lo que se considera que se es, eliminado aportes nuevos y pérdidas necesarias, conduce a la petrificación. Entregarse a la destrucción sin dejar nacer lo nuevo, es nefasto…
Lo más precioso que tenemos es la vida. Debemos respetarla. No sólo la nuestra, sino la vida de todo lo que continuamente nace, se mantiene un tiempo, perece… Los objetos personales debemos aprender a tratarlos con la misma delicadeza que tratamos a un niño. Los objetos innecesarios son invasores, devoran parte de nuestra energía. Los objetos que tratamos en forma distraída, con brusquedad, se vengan causándonos accidentes.
Mas si los tratamos con respeto, se convierten en nuestros aliados, otorgándonos valores.
La ceremonia de té japonesa, es un acto mágico basado en el respeto de los objetos y el reconocimiento de su secreta vida. El Maestro de Te, delante de unos pocos invitados, hace hervir agua y con gestos precisos, esenciales, fabrica un simple té, que por la intensa atención con que lo hace, se convierte en un elixir sagrado. En la época en que yo trabajaba con el mimo Marcel Marceau, asistí a una de estas ceremonias. Ver la belleza con que el Maestro manipuló sus cucharón de madera, su batidora de fibras para mezclar el te verde en polvo con el agua hirviente, su manera reverente de alzar la tetera, la ternura con que sostuvo la taza que me ofreció, cambiaron para siempre mi concepto de la vida. Esa misma atención respetuosa e intensa se podía percibir en los objetos que acompañaban en ese cuarto al Maestro, una flor exquisita, un paisaje pintado con escasos y sabios trazos negros en una simple hoja de buen papel, nunca un adorno superfluo, ninguna luz hiriente, y en todo, la calma sanadora de un tiempo percibido como eterno.
Te recomiendo este ejercicio:
Recorre el lugar donde habitas. Imagina que todos los muebles y objetos están vivos, deseosos de comunicarse contigo. Con cada uno de ellos habla unas cuantas frases agradeciéndoles su ayuda y explicándoles en que te son útiles. A los objetos o muebles que te des cuentas que están demás, que te son innecesarios pídeles disculpas de forzarlos a estar viviendo en un territorio que no les corresponde y lo más pronto que puedas regálalos a quien los pueda apreciar o utilizar bien. Haz lo mismo con toda tu ropa, con tus libros, tus discos, tus útiles de cocina…
Te lo aseguro: si te desprendes de aquello que no te sirve y guardas sólo lo que te es útil, aprenderás a hacer lo mismo con las personas que te rodean y luego con tu espíritu y tu memoria. Sin objetos innecesarios, tu casa se convierte de inmediato en templo. Sin ropas ni adornos innecesarios, tu aspecto se convierte en el de una persona sagrada. Sin pensamientos, ni sentimientos, ni deseos ni recuerdos innecesarios, adquieres la salud física y mental, y conoces la alegría de vivir.

Alejandro Jodorowsky

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