HERRAMIENTAS PSICOLÓGICAS PARA LO COTIDIANO

 

       “Ser   plenamente humano significa tender puentes entre la tierra y el cielo, entre   la forma y el vacío, entre la materia y el espíritu. Y nuestra humanidad se   expresa en el corazón, en la profundidad y la ternura que se abre en   la intersección entre esos dos polos”.  J. Welwood

Todas las mañanas comienza un nuevo viaje al que llegamos con nuestro  equipaje particular y único; cargamos con nuestras viejas tendencias y  hábitos, los hacedores de la forma en la que amaremos, sentiremos y   trabajaremos ese día.

       Es cierto que la calidad de nuestra vida cotidiana en parte depende de la medida   en que hagamos esfuerzos voluntarios, conscientes e intencionales para   mejorar. También es verdad que muchos interpretan que “con esfuerzo se llega   a cualquier parte” y que el que no lo hace es un “perdedor” o un “perezoso”.   ¿Será así? Es más probable que el que acentúa la voluntad como única vía de trabajo, no sea un buscador o un buceador de sus profundidades inconscientes ni esté intentando evolucionar en la totalidad de sus aspectos personales.

       Por   otra parte… ¿Quién podría decir que está “mal” intentar hacer las cosas “bien”, con responsabilidad y excelencia y con voluntad de cambio? Esta intención estaría expresando amor y cuidado por la vida. Ahora bien, esta   misma circunstancia -por mejor intención que represente- puede llegar a provocar el efecto de convertirse justamente en aquello que nos produce infelicidad. Si desde el comienzo del día nos forzamos, pase lo que pase, a lograr obtener sentimientos agradables, reacciones más eficientes o    soluciones más acordes a los problemas que nos esperan, veremos que la tensión irá aumentando hora tras hora en nuestro cuerpo.

       La misma búsqueda permanente de más belleza o más sabiduría nos hace caer en la trampa de evaluar las cosas desde la suposición de nuestra deficiencia, nuestra fealdad o nuestra ignorancia. Puede suceder que al final de la   jornada estemos sintiendo mucho desagrado al evaluar que no cumplimos con   nuestro objetivo de obtener muchos éxitos y pocos fracasos. Entonces, nuestro día habrá transcurrido por un circuito prefijado de dolor y frustración innecesarios.

       Si estamos desconectados de los límites que tiene nuestro propio cuerpo y además nos imponemos exigencias desmedidas ¿No estaríamos forjando así nuestra propia materia prima? ¿qué   otra cosa seremos sino un gran cúmulo de tensiones e insatisfacciones? Eso será todo lo que tenemos y todo lo que somos en ese día.

       En   cambio… si logramos darnos cuenta de nuestra presencia en cada respiración, reconociendo que en toda nuestra vida no lograremos concretar grandes metas sino que únicamente podemos hacer pequeñas cosas con amor, ganaremos una oportunidad para mejorar nuestra cotidianidad.

       Paralelamente   aquellas personas que se encuentran muy concentradas en una búsqueda personal   interna, que transitan caminos profundos, pueden verse perjudicadas si no   logran ocuparse de sus asuntos materiales y concretos.

       Así, a cualquier hora, en cualquier lugar, en uno de esos días en los que no nos   ocurren grandes cosas, tendremos acceso a una presencia consciente en nuestra vida cotidiana. A pesar de todo, a pesar de las cuestiones   desagradables,  rutinarias o tediosas, –y así como el presente da paso   al futuro- también tenderán a desaparecer nuestras incomodidades; algunas veces provocándonos también una sonrisa cuando descubrimos su pequeñez e   intrascendencia.

       En   esos días en los que parece que el planeta entero se derrumba, resulta difícil o absurdo disfrutar,  proponernos mantener un nivel óptimo de   buen humor, pasar por alto  y con ligereza ciertas dificultades. Una vez   más podemos recordar que “difícil no es sinónimo de imposible”. Vale la pena   investigar porque…¿Nuestras acciones en sí mismas son las únicas que podemos realizar? ¿O somos algo distinto de ellas?.

       Hay  algunos verbos que merecerían ser recordados:

  • Poner cuidado al respirar.
  • Intentar reír  lo más posible considerando al sentido del humor como uno de los valores        más elevados.
  • Relajarnos cada vez que  lo recordemos
  • Ser todo lo que somos sin excluir nada por rechazo o reforzar nada por atracción.
  • Meditar: en un lugar en especial o en cualquier lado; cuando esperamos algo, cuando caminamos en la calle, cuando cocinamos….
  • Respetar los templos como lugares sagrados y saber que todos los lugares de nuestra vida son sagrados como templos.
  • Caminar descalzo sobre el césped o sobre una alfombra sintiendo las direcciones de ida y de vuelta desde los pies hasta la cabeza y desde el cielo hacia la tierra.
  • Percibir qué es lo que motiva nuestras palabras y decidir siempre si expresarlas o guardarlas.
  • Realizar el trabajo  simple, repetitivo y rutinario, a modo de meditación en acción.
  • Conectarnos con el presente, el único tiempo que tenemos verdaderamente.
  • Disfrutar los pequeños    momentos placenteros sin mirar hacia adelante buscando “la felicidad venidera”.
  • Realizar las tareas del  hogar puede ser una situación desagradable o convertirse en un momento consciente más de nuestra vida.
  • Si al comer masticamos cada bocado muchas veces, obtendremos mucho más alimento y mayor saciedad.
  • Luego de leer  la lista ¿Se animaría usted a agregar algunos a continuación? Si es así, acá van otros más: Investigar, explorar, aprender, dudar y  afirmar.

 

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