Retomemos los valores familiares……….

Es propicio analizar los cambios que está sufriendo el  núcleo  familiar que conforma la sociedad. Nos encontramos viviendo en un ambiente donde están proliferando los antivalores y se han perdido aspectos tales como el respeto, la solidaridad, la cortesía y la comunicación entre padres e hijos.
No tenemos que buscar mucho para saber donde reside la raíz de estos males. Podemos afirmar con toda seguridad que la negligencia y la falta de firmeza en la educación de hogar actual es una de las grandes culpables de los flagelos que se están produciendo, incluyendo la delincuencia y el uso de drogas.
Vemos que ya los padres no dan un seguimiento a sus hijos como antes, sino que le delegan su cuidado por entero a una niñera, llegando muchas veces a desconocer las cosas que les gusta comer o como les está yendo en la escuela.
Es cierto que como tenemos que ir a trabajar, debemos auxiliarnos de alguien que vele por nuestros hijos, pero eso no significa privarlos del tiempo de calidad que se requiere para irles guiando por el buen camino de forma que crezcan como seres íntegros y productivos.
Aparentemente, la comodidad es buena; tirarle sus responsabilidades a otros para que las resuelvan es más sencillo. Bajo esas circunstancias, no tenemos derecho a reclamar si nuestros hijos se vuelven parte del caos actual, porque no hicimos el trabajo que nos correspondía en su momento, para que fueran personas de bien, con integridad y valores morales.
Para poder combatir este fenómeno es necesario que la familia retome la actitud de hace unos años atrás donde imperaba el respeto a la autoridad, la disciplina, la comunicación y una mayor supervisión a las actividades en las que nuestros hijos se encontraban involucrados. Y se hace urgente que esto sea ahora, porque en la era de la información en que estamos, las posibilidades de que nuestros hijos se envuelvan en problemas y en amistades no favorables son aún más amplias.
Si la educación principal que recibimos, que es la del hogar, viene con deficiencias, no podemos esperar resultados satisfactorios, así que queda entendido que para poder erradicar los males que nos rodean tenemos que actuar con amor y firmeza a la vez estableciendo desde el inicio cuales son los límites y poniendo las reglas claras.
Tal y como dice la canción “Amor y Control” de Rubén Blades:
“Tanto control y tanto amor, tienen que haber en una casa”.
Concluyo con mi estribillo favorito de esa canción:
“Solo quien tiene hijos entiende que el deber de un padre no acaba jamás. Que el amor de padre y madre no se cansa de entregar”.
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