Técnica de relajación de Jacobson

Estándar

Esta técnica o método (según se utilice), fue desarrollada a inicios del siglo pasado por Edmund Jacobson, un médico que también hacía sus incursiones en el campo de la Psiquiatría y la Psicología. Actualmente podría decirse que es una de las técnicas más utilizadas entre los terapeutas para facilitar un estado de relajación mental y físico pero además, por mi experiencia clínica, considero que es una de las técnicas de relajación más sencillas para que las personas la practiquen por sí mismas y puedan obtener excelentes resultados.
Esta técnica se sustenta en la idea de que el pensamiento y el estado emocional afectan el nivel de respuesta muscular evidenciándose una relación entre músculo, pensamiento y emociones.
La Relajación Progresiva resulta especialmente útil en los trastornos del sueño ya que produce fácilmente un reposo muscular intenso a través del cual es mucho más fácil conciliar el sueño pero también es recomendada para aliviar el estrés cotidiano y para controlar la ira y la agresividad.
La esencia de la técnica consiste en tensar ciertas partes del cuerpo y seguidamente relajarlas. Notar la sensación de tensión y posteriormente de relajación al dejar de contraer un músculo ayudará a sentir un placentero bienestar corporal que se irá traduciendo en un equilibrio psicológico.
Es muy importante enfatizar en la sensación. No se debe solo tensar o relajar, sino prestar atención a las sensaciones que se producen en esos movimientos; por lo cual, en aras de que la técnica sea más eficiente, muchos terapeutas incluyen algunas frases que propician la relajación mental.
 Esta articulo  pretende ser un poco como un botiquín de primeros auxilios para una buena relajacion . En ella encontrareis ejercicios recomendados bien para rebajar la ansiedad, para aumentar la resistencia a la misma, para evitar que aparezca mediante técnicas de reestructuración cognitiva, etc. Quede claro que ninguna de estas técnicas cura la ansiedad o laagorafobia (como tampoco puede curar un psicólogo, un psiquiatra  ). La curación de este tipo de trastornos depende básicamente de la actitud y las ganas de curarse de la persona. Las técnicas ayudan a la persona a manejar su ansiedad o a evitar que aparezca o bien a afrontar las situaciones que le generan miedo o ansiedad. Pero, finalmente, será la persona la que deberá entrenarse y afrontar sus temores. Ni el mejor de los terapeutas conseguirá nada sin la colaboración total del paciente.

 Empezaremos por la clásica . Esta técnica nos enseñará a diferenciar claramente qué es tensión y qué relajación. Por lo tanto nos enseñará como nosotros mismos podemos manejar nuestra tensión.

Como ya dijimos en la definición de agorafobia, el individuo tiende a auto explorar sus sensaciones continuamente y a alarmarse ante cualquier síntoma que relacione con el miedo, así que es más que probable que al realizar esta técnica o cualquier otra aparezcan estados de ansiedad. Paradójicamente la propia sensación de relajación puede angustiar a la persona al no reconocerla como habitual en ella.

 Bien, pues mejor. No se trata de que no se vuelva a sentir ansiedad en la vida (cosa imposible incluso en personas “sanas”) sino de acostumbrarse a ella y a no tenerla por algo horrible o precursora de un infarto, perdida de conocimiento, locura o algo así. Con la practica y el tiempo, la ansiedad dejará de ser un problema y su aparición será cada vez menos intensa y espaciada en el tiempo.

 Bueno, pues vamos a ello.

           Relajación de Jacobson

       Esta técnica consiste en tensar deliberadamente los músculos que se tensan en una situación de ansiedad o temor para posteriormente relajarlos conscientemente. Es muy buena para que con el tiempo y mucho entrenamiento lleguemos a estar completamente seguros de que podemos relajarnos cuando queramos, incluso en situaciones que ahora consideremos imposibles o a evitar a toda costa.

      Practicar este ejercicio dos veces al día o antes de enfrentarnos a una situación estresante nos ayudará a mantener un nivel bajo de ansiedad y a perder el miedo a ciertas situaciones.

     Postura de relajación:

     Siéntese tal y como aparece en la figura “posición de relajación”. Cuando se encuentre cómodo, tense un grupo de músculos, trate de identificar donde siente mayor tensión. Siga la secuencia siguiente: 1º tensar los músculos lo más que pueda. 2º note la sensación de tensión. 3º relaje esos músculos. 4º sienta la agradable sensación que percibe al relajar esos músculos. Por último, cuando tense una zona, debe mantener el resto del cuerpo relajado.

    Empecemos por la frente. Arrugue la frente todo lo que pueda. Note durante unos cinco segundos la tensión que se produce en la misma. Comience a relajarla despacio, notando como los músculos se van relajando y comience a sentir la agradable sensación de falta de tensión en esos músculos. Relájelos por completo y recréese en la sensación de relajación total durante unos diez segundos como mínimo.

    Seguidamente, cierre los ojos apretándolos fuertemente. Debe sentir la tensión en cada parpado, en los bordes interior y exterior de cada ojo. Poco a poco relaje sus ojos tanto como pueda hasta dejarlos entreabiertos. Note la diferencia entre las sensaciones.

    Siga con la nariz y labios. Arrugue la nariz, relájela. Arrugue los labios, relájelos. Procure que la tensión se mantenga durante unos cinco segundos y la relajación no menos de diez.

    Con el cuello haga lo mismo. Apriete su cuello tanto como pueda y manténgalo tenso. Vaya relajando los músculos lentamente, concentrándose en la diferencia entre tensión y relajación y deléitese en esta última.

    Seguidamente, ponga su brazo tal y como aparece en el gráfico. Levántelo, cierre el puño cuanto pueda y ponga todo el conjunto del brazo lo más rígido posible. Gradualmente vaya bajando el brazo destensándolo. Abra lentamente la mano y deje todo el brazo descansando sobre el muslo. Repítalo con el otro brazo.

    Haga exactamente lo mismo con las piernas.

    Después incline su espalda hacia adelante notando la tensión que se produce en la mitad de la espalda. Lleve los codos hacia atrás y tense todos los músculos que pueda. Vuelva a llevar la espalda a su posición original y relaje los brazos sobre los muslos. Vuelva a recrearse en la sensación de relajación durante un tiempo.

  Tense fuertemente los músculos del estómago (los abdominales) y repita las sensaciones de tensión y relajación al distender los músculos.

    Proceda de igual forma con los glúteos y los muslos.

Relajación estando de pie:

 

 

Una vez consiga la relajación de todo su cuerpo de la forma habitual y después de haberla practicado durante varios meses intente relajarse de pie. Proceda de la siguiente forma.

Póngase de pie y mantenga la cabeza recta sobre los hombros. Tense todo su cuerpo, apriete las manos a ambos lados del cuerpo, meta el estómago hacia dentro y tense los muslos, nalgas, rodillas, etc. Después comience a relajar los músculos desde la cabeza a los pies. De nuevo note la diferencia entre tensión y relajación.

 También debería de realizar los ejercicios de tensión y relajación de sus músculos tumbado.

 

 Proceda tensionando los músculos y relajándolos tal y como se indicó en el ejercicio de pie.

       Consideraciones finales: Si durante los ejercicios de relajación  se encuentra mal, no se preocupe. Interrúmpalos, relájese y prosiga. No deje que las sensaciones desagradables sigan dictando lo que usted ha de hacer. Su vida la dirige usted. Así que una vez relajado prosiga con los ejercicios.

       Si durante la relajación es interrumpido por un familiar, el teléfono o lo que sea, no se preocupe, no ocurre nada. Simplemente déjela para otro momento y diga que no se le moleste. Su salud es lo primero y debe de aprender a ser egoísta en esto. Primero usted. Después todo lo demás.

     Durante los ejercicios es posible que aparezcan pensamientos negativos. Procure controlarlos (más adelante encontrará como) y siga con la relajación.

       * Los gráficos que acompañan estos ejercicios han sido extraídos del libro “Técnicas de relajación” de Joseph R. Cautela y June Groden. Editorial Martínez Roca. Son reproducidos en esta página por su interés terapéutico sin que haya interés comercial alguno al usarlos.
        Cambiando el pensamiento:

     Hemos aprendido a relajar nuestros músculos, a controlar nuestras sensaciones. Ahora trataremos de hacer algunos ejercicios que nos ayudarán a controlar nuestras emociones y nuestros pensamientos.

       Alguno de ustedes habrá tenido ocasión de realizar tratamiento médico o psiquiátrico sin psicoterapia o con psicoterapia equivocada. Habrá tomado pastillas y, en principio, sabrá que dan resultado…durante un tiempo. Las pastillas relajan valiéndose de complicados mecanismos fisiológicos y son muy útiles acompañadas de psicoterapia.

       Lo más probable es que hayan recaído y que hayan aumentado la dosis para conseguir el mismo efecto. Esto es debido a que el hombre camina con dos piernas: control de las sensaciones y control de las emociones. Si no aprendieron ustedes a controlar estas últimas están caminando con una sola pierna.

       Si a usted le asustan las aglomeraciones y se toma una pastilla para evitar que se desaten los mecanismos de la ansiedad sin tratar de saber qué mecanismos del pensamiento le llevan a tener ese miedo y corregirlos no está haciendo más que enmascarar el problema. Si el mecanismo que desata ese temor sigue ahí, volverá a tener ansiedad con o sin pastillas.

       Técnicas de modificación del pensamiento (técnicas cognitivas):

      Se sabe que la ansiedad nace ante un temor exagerado a ciertas situaciones. También existe la hipótesis contraria según la cual primero son los síntomas (taquicardia, vértigo, sensación de ahogo, sudoración, etc) a los que sigue un lógico temor a que se vuelvan a repetir. Probablemente sea ambas cosas, a nosotros nos es igual.
 
        Lo que vamos a tratar de hacer es desmontar razonadamente los pensamientos que nos conducen al temor y del temor al pánico.

        En primer lugar identifique cuáles son este tipo de pensamientos. Imagine que está en un supermercado. Si tiene agorafobia lo más probable (aparte de evitar ir al supermercado) es que usted tenga pensamientos de este tipo: “por ahora estoy bien, pero quien sabe dentro de cinco minutos”, “estoy empezando a ver las cosas raras”, “me mareo, no llegaré a la salida”. Bien, ya está usted fuera. Felicidades.

Ha conseguido huir y … fortalecer sus mecanismos de huida y en consecuencia ha dado de comer a su agorafobia. Esto es lo que jamás debe de hacer.

      Ahora trate de razonar sus miedos (múltiples en el caso de la agorafobia).

     Si está en un supermercado, ¿que es lo peor que podría pasar?:

     -Que me de un ataque al corazón: Falso. Está demostrado científicamente que para que eso suceda debe haber algún tipo de lesión grave en el corazón o las arterias. Si usted se ha realizado algún chequeo y ésta no aparece y no tiene el colesterol alto, sobrepeso, es fumador, bebedor y hombre, no tiene porque temer que le dé.

      Debe usted saber que el estrés es el último factor en importancia y debe de ir unido a los anteriores para terminar en un infarto. Es más, las constantes subidas y bajadas de pulsaciones de una persona con ansiedad ejercitan el corazón y lo hacen más fuerte. Así que no tema esto ni lo utilice como excusa para evitar algo.

     -Que me desmaye: Falso de nuevo. Durante una una crisis de ansiedad la tensión arterial aumenta. Los desmayos se dan con tensión baja, así que es incompatible la ansiedad con un desmayo. De hecho, ¿se ha desmayado usted alguna vez en su vida?.

     -Que me vuelva loco: otra vez falso. Durante una crisis de angustia nuestras pupilas se dilatan de forma anormal para ver mejor a nuestros lados. Esa dilatación provoca que las imágenes no sean muy precisas y la realidad se deforme. A usted le puede parecer que ve cosas irreales pero no es así. También puede creer que va a hacer cosas propias de un loco (atacar a alguien, comportarse de forma poco habitual, gritar, etc). Esto es propio de la inseguridad que provoca la ansiedad o las crisis de pánico. Nada más lejos de la realidad. Lo más que le sucederá será que huirá de esa situación, nada más.

      -Que me asfixie: Cuando aparece la ansiedad la respiración se vuelve más rápida para oxigenar mejor los músculos. Como no huimos ni luchamos lo que se produce es un efecto contrario y llega al cerebro mas CO2 de la cuenta con lo que notaremos sensación de falta de oxígeno (asfixia). En esta ocasión sí es un miedo justificado porque pudiera darse el caso de un desvanecimiento pero de ahí no va a pasar. Una vez desvanecidos el organismo compensará ese exceso de CO2 respirando acompasadamente y despertaremos, jamás nos asfixiaremos.

      Bueno, pero, ¿como evitar estos pensamientos, si aparecen espontáneamente?. Bueno, pruebe a hacer discusión cognitiva.

      En el caso anterior, una persona teme ir a un supermercado. Seguramente no es el único miedo que tiene. Si es agorafóbico es probable que tenga miedo a casi todo, así que lo que sigue vale para todos los que en general tienen ansiedad patológica con conductas de evitación propias de las fobias.
 
      Ya en casa ha anticipado la situación. Se ha imaginado las peores cosas. En el supermercado ha entrado con temor, sin confianza en si mismo. A las primeras sensaciones su sistema nervioso responde de forma errónea, identificándolas con experiencias negativas anteriores. Que no le dé un ataque de pánico con este modo de hacer las cosas es casi milagroso.

      ¿Qué debería haber hecho?. Para empezar si sabe que tiene que ir a un supermercado debería haber hecho relajación. También debería de haber imaginado la situación de forma positiva viéndose a sí mismo en el supermercado tranquilo y relajado, como tantas veces lo habrá hecho. Si hay que anticipar, ¿porque imaginar que volverá a pasar lo que pasó una o diez veces?. ¿Porque no imaginarse en ese lugar como en las cientos de ocasiones en las que no ha sucedido nada?.

      También debería haber cortado cualquier pensamiento negativo nada más salir de casa. Si al pisar la acera se encontró mal debió pensar “tranquilo, sé que es esto y cómo vencerlo” y reforzar ese pensamiento “ya me encuentro mucho mejor, adelante”. Una vez en el supermercado debió de razonar (discusión cognitiva) las primeras sensaciones negativas. Si se estaba mareando debió de hacer esto:

      -Me estoy mareando (pensamiento negativo automático).
     -¿Qué ha sucedido otras veces?, ¿tengo algún problema físico que me haga marearme?. No, no ha sucedido nunca nada y al salir del lugar he dejado de marearme. Tampoco tengo asma ni bronquitis crónica, ni hipotensión, ni la glucosa baja, en resumen, nada que justifique mis mareos a no ser la ansiedad. (Discusión cognitiva).
      -¿A qué se debe realmente lo que siento?. A que la ansiedad provoca una tensión excesiva en los músculos del cuello y estos oprimen las arterias que riegan el cerebro dando sensación de mareo. (Alternativas racionales).

     Probablemente la primera vez que esta persona hiciese esto lo pasaría tan mal como otras veces. Pero a la cuarta o quinta ( o centésima) vez sus sensaciones y sus emociones empezarán a normalizarse.

     También debió de reforzar sus objetivos o motivaciones. “He venido a comprar ese disco y no me voy sin el”, “me encanta la música de este cantante”. También debió de imaginarse ya en su casa, tranquilo y escuchando ese disco. Y, por supuesto, una vez en casa debió de potenciar lo que había hecho, “ole mis…, lo conseguí, estoy hecho un tío”. Esto es lo que vence a la ansiedad y los miedos, saber que pueden superarse. Si no se prueba jamás a luchar, jamás se ganará.

    En su lugar, es probable que ese individuo se marchase sin comprar el disco. Mientras huía a casa no dejó de sentirse mal y una vez en casa comenzó a culpabilizarse y a reforzar negativamente su enfermedad con pensamientos del tipo: “estoy enfermo…soy un cobarde…jamás lo superaré…¿que será de mi?…

    Es lógico pensar que esta persona está machacando constantemente (tantas veces como evite situaciones) su autoestima. Cada evitación es un paso atrás.

    Bueno, pues ya saben. Procuren hacer lo que deben y no se desanimen por los traspiés que den. Que no les suceda como a este individuo y si tienen que evitar una situación, no le den más importancia. Analicen que hicieron mal pero jamás se culpabilicen por ello. Dense un margen de error y de tolerancia con sus debilidades.
 
   

        Bibliografía utilizada: Técnicas de relajación. Joseph. R. Cautela y June Groden. Editorial Roca.

About these ads

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s